McDonalización del Feminismo

El concepto McDonalización fue propuesto por el sociólogo George Ritzer en  su libro “La McDonalización de la Sociedad” (1999) para referirse a la racionalización llevada al extremo. Este término encuentra sus precursores en las ideas de burocracia y “jaula de hierro” expuestas por el filósofo Max Weber en el libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” (1905), para designar una sociedad cada vez más sistematizada en la que prima la importancia de la rapidez y la eficiencia.

Aunque sin duda se extiende a más ámbitos de la vida diaria y cada vez se va instalando en más instituciones alrededor del mundo, para explicar este proceso de racionalización de la sociedad, Ritzer toma como ejemplo la compañía McDonald’s. Esta empresa fue fundada en 1940 y es mundialmente conocida por su servicio de comida rápida, basando su gran éxito en cuatro pilares fundamentales (Ritzer, 1999):

Eficacia: la elección de los medios lo más óptimos posibles para alcanzar un fin dado. Este principio lleva a hacer las cosas de un único modo que persigue la eficiencia.

[“Servir hamburguesas en 50 segundos”, “que la clientela ayude a agilizar el proceso siendo quienes recojan las bandejas”]

Cálculo: poner el acento en elementos que se puedan calcular, contar, cuantificar. Utilizar la cantidad como medida de calidad (aunque estos no tienen por qué ser conceptos equiparables y a menudo la idea de calculabilidad va en detrimento de la calidad).

[“La cantidad de sal en las patatas fritas será siempre la misma”, “el refresco debe llevar siempre un porcentaje determinado de hielo”.]

Predicción: asegurarse saber lo que puede ocurrir en un momento o en un lugar determinado, estandarizando los resultados.

[“Si se accede a un local de McDonalds’s en otra parte del mundo salvo contadas excepciones culturales sabremos qué productos habrá o qué tipo de servicio esperar”.]

Control: el aumento del control y la sustitución de las personas por la tecnología (motivada con frecuencia por el deseo de la reducción de incertidumbre, imprevisión y errores humanos tanto de quienes trabajan en un sistema racionalizado como de quienes se sirven de ello)

[“Se designa a cada persona una función muy concreta”, “implementación de máquinas que sustituyen el trabajo humano reduciendo errores”.]

 

A pesar de que pueda chocar en un primer momento, hay ámbitos menos tangibles como por ejemplo la educación, que también se ven afectados por esta racionalización extrema e incluso por la mercantilización. De este modo, la educación pasa a ser un motor de riqueza y  para ello plantea el conocimiento como un objetivo práctico sin carga social, ética o ideológica, promoviendo únicamente el acceso a “conocimientos útiles demandados por las empresas” (Martínez, 2017). Así, en el modelo educativo McDonalizado se presta más atención a las notas o al número de diplomas que se posee que a la calidad de lo que se aprende (cuantificación), y se basa en unos horarios y planes de estudios que encorsetan el aprendizaje y a las personas aprendices (control) (Ritzer, 1996).

De este modo el proceso de McDonalización podría extrapolarse más allá de empresas e instituciones y verse reflejado en valores con el principal fin de la mercantilización. En los últimos años esto está sucediendo con el movimiento feminista –Definición glosario feminismo-. Aunque la literatura que lo relaciona con el proceso de McDonalización es escasa, se puede entrever el patrón de la racionalización extrema en él a través, fundamentalmente, de la mercantilización (Tabla 1).

Tabla 1. Comparación entre McDonalización clásica y McDonalización del Feminismo

Producto Comida Feminismo
Relevancia Alta: Alimento

indispensable para vivir

Alta: Valor social
        Materialización McDonald’s Movimientos feministas mainstream: White feminism (feminismo

blanco)

       Consecuencias Baja calidad del producto y pérdida de valor Pérdida de su significado, se convierte en un producto

de consumo y en una “moda

Estamos sometidas a un bombardeo mediático acerca de corrientes feministas o cuestiones que afectan a las mujeres y al feminismo (violencia de género, brecha salarial, conciliación familiar, productos y moda femenina, aborto, acoso callejero, leyes…) pero que a menudo no ofrecen información completa, ni son debates llevados por  personas expertas en la materia. Y este bombardeo no sólo ocurre en los medios clásicos como son prensa escrita, radio y televisión, sino que también se da en redes sociales, unos medios, a mi parecer, de especial importancia no sólo por su carácter “anónimo”, global y abierto, sino porque también todas las personas que participan de ellas son creadoras de contenido. Haciendo una analogía con la McDonalización y la racionalización  extrema, creo que los medios de comunicación pueden estar contribuyendo a la McDonalización del Feminismo. Esto, como en el caso de la empresa McDonalds, tiene consecuencias que son un arma de doble filo de manera que el feminismo se hace más accesible para todas aquellas personas que quieran participar de él, pero a la vez puede estar desvirtuándose y convirtiéndose en un arma al servicio del capitalismo y el sistema patriarcal. 

Por ejemplo, en una reciente investigación en la que estudiaba la relación entre el uso de Instagram y la auto-cosificación y la vigilancia corporal con mujeres estadounidenses, los principales resultados mostraban que la internalización de los estándares de belleza cultural y el uso de la comparación de apariencia mediaban en el uso de Instagram y en la auto-cosificación y vigilancia del cuerpo. Además, se encontró que el efecto directo del uso de Instagram en la vigilancia corporal dependía de las creencias feministas, por lo que esta relación solo fue significativa entre las mujeres con creencias feministas más bajas y moderadas. Este hallazgo sugiere que las creencias feministas más desarrolladas desempeñan un papel protector o amortiguador, mientras que las creencias feministas más superficiales desempeñan un papel intensificador de estos procesos de cosificación (Feltman, y  Szymanski, 2018). 

Esta dinámica por la cual  gente que en cierta medida se considera feminista y pude tener ciertos comportamientos de acuerdo a ello sigue alimentando cánones y sistemas contrarios a los fines del feminismo, puede atender a algunos de los principios de la McDonalización. De este modo la predicción y el control pueden ejercerse al asegurarse de antemano que el tener cierto conocimiento sobre feminismo y tener cierto nivel de comportamientos que en un principio podrían ser afines a ello (p.ej. subir fotos a las redes sociales exhibiendo el cuerpo sin ningún tipo de complejo/reparo en principio)  hará que la persona tenga la sensación de estar haciendo algo subversivo y que lucha contra el sistema patriarcal. Pero este sistema en realidad está nutriéndose de, en el caso de Instagram mencionado anteriormente, las conductas de vigilancia del cuerpo que con frecuencia atienden a complejos por cánones de belleza establecidos socialmente. Además es un modo de asegurarse de que mientras las personas crean que con estas acciones “subversivas” luchan contra el patriarcado, no emprendan acciones más eficaces contra el mismo.

Otro ejemplo, y uno de los más visibles de la McDonalización del feminismo, es la proliferación en la venta de camisetas con lemas feministas como “We should all be feminists” (“Todxs deberíamos ser feministas”) de la firma Dior o “Everybody should be feminist” (“Todo el mundo debería ser feminista”) de la casa Inditex.

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Imagen 1. Camiseta con lema feminista en un desfile de Dior en París

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Imagen 2. Camiseta con lema feminista de una tienda del grupo Inditex

La comercialización de lemas y rostros feministas (e.g. Frida Kahlo) por parte de empresas basadas en el neoliberalismo y el capitalismo,  hacen llegar ciertos mensajes descafeinados sobre feminismo a un gran sector de la población. Con ello se consigue sacar rendimiento económico del movimiento feminista (que per se no es capitalista), homogenizar el mensaje del feminismo y convertir esta causa en una moda. 

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Imagen 3. “Cómo las marcas se aprovechan del feminismo”. Tira de la dibujante Irene Márquez para la revista satírica “El Jueves”. Disponible en https://www.eljueves.es/temazo/feminismo-marca_1595

Pero la mercantilización de la mujer va más allá de la comercialización de productos dudosamente feministas. El feminismo neoliberal –palabra glosario- crea un discurso bajo el cual tienen cabida procesos por los cuales hay una “feminización de la supervivencia” (representada por mujeres que emigran para trabajar fuera de sus ciudades y países de origen, el trabajo sexual y el tráfico de mujeres), una “economía del trabajo doméstico fuera del hogar” (que supone además de la carga del trabajo doméstico que tradicionalmente se ha asignado a las mujeres, un nuevo oficio fuera del hogar con las características del trabajo femenino, ocupando peores puestos laborales) y también el “impuesto reproductivo” que, según Ingrid Palmer, hace que la mujer se incorpore de manera más discontinua y servil, recibiendo peores trabajos (Agra, 2006 en Martínez, 2017) por el hecho de ser madre. Todo ello hace que el sistema capitalista y neoliberal se nutra económica y socialmente de la figura de la mujer a través de su sexualización y desvalorización como trabajadora, pero no deja de cargar a la mujer con responsabilidades tanto dentro como fuera del hogar. Estas trabas por parte del sistema hacia el desarrollo personal y profesional de las mujeres lo vería como un método de control  y  predicción pero también como método de  eficacia y calculabilidad McDonalizada, ya que estos obstáculos aseguran conocer cuánto trabajará una mujer aproximadamente, en qué tipo de empleos, cuánto cobrará, etc., y también se la ocupa lo suficiente, haciéndola creer que el trabajo en estas condiciones la “empodera” evitando de este modo que se creen otras vías subversivas.

También se escatima en la interseccionalidad, de este movimiento ya que se popularizan tendencias conocidas como “White feminism” (“feminismo blanco”) que designa movimientos feministas centrados en las luchas de las mujeres blancas sin abordar las distintas formas de opresión que enfrentan las mujeres de minorías étnicas y las mujeres que carecen de otros privilegios –incluir link a la entrada de María Añó- (Frankenberg, 1993). Esta homogenización y creación de un feminismo mainstream muchas veces llega a la población a través del impacto de numerosas celebrities, en su mayoría jóvenes influyentes, blancas y privilegiadas, quienes se han proclamado públicamente feministas como por ejemplo el caso de Taylor Swift, o incluso colaboran en campañas feministas como Emma Watson con la campaña “He For She”-Enlace en español a la campaña https://www.heforshe.org/es – de la ONU (ONU, 2014).

Un caso que ha tenido mucha repercusión en cuanto al feminismo de celebrities es el de la cantante Beyoncé, que ejemplifica la intersección entre cultura mainstream, medios de comunicación y feminismo, en un contexto capitalista y neoliberal (Hernández, 2017). Durante la gala de entrega de los premios MTV Video Music Awards en 2014, durante su actuación ante millones de personas Beyoncé introdujo citas de Chimamanda Ngozi Adichie, conocida novelista y feminista nigeriana, junto con un luminoso gigante con la palabra “Feminist” (“feminista”). Esta puesta en escena causó mucho revuelo ya que planteaba preguntas en torno a si el mensaje de la cantante era realmente feminista y aceptable, una estrategia de marketing, o si con este tipo de manifestaciones feministas se preservaba el poder subversivo del movimiento o no. Han sido numerosas académicas quienes han debatido sobre estas cuestiones, y otras manifestaciones feministas de Beyoncé, como su álbum “Lemonade” (Gibson, 2016), pero sin obtener una conclusión clara. Por ejemplo, bell hooks (en minúscula, como ella misma usa su alias con el fin de centrar el foco en su obra y no en su nombre (Encyclopedia of World Biography, s.f.), reconoce que en el paisaje visual de “Lemonade”  se muestra una hermandad femenina simbólicamente poderosa que resiste la invisibilidad que cambia la mirada de la cultura dominante de los blancos y nos desafía a todos a mirar de nuevo, a revisar radicalmente cómo vemos el cuerpo negro de las mujeres. Aunque la misma hooks ha dicho en numerosas ocasiones que ve a Beyoncé como una “terrorista” por el impacto que tiene principalmente en chicas jóvenes ya que, desde su punto de vista deconstructivo, se está construyendo a sí misma como a una esclava al usar  una estética de culto a la belleza (p.ej. portadas en las que aparece en ropa interior, maquillada y mirada sensual). Mientras, por otra parte encontramos la posición de Janet Mock quien expone que no puede despojar a Beyoncé de elegir esa imagen y de ser su propia gerente y haciendo alusión a la relevancia que se le da desde los medios y le dio bell hooks a la estética y los cuerpos en lugar de entrarse en la valía de otros aspectos y el “cerebro” para hacerse valer (Gibson, 2016).

Como expone Hernández (2017), “hasta la actual radicalización de las lógicas neoliberales, la agenda de la igualdad de género no tenía lugar en las marcas que hace décadas construían  las estrellas del mainstream”, pero surgen posturas tanto a favor (abogando por la visibilización –más o menos acertada- del movimiento) como en contra (haciendo mención a que por definición el movimiento feminista debería ser contrario al capitalismo, la sexualización y la instrumentalización de la mujer).  Uno de los mayores movimientos creados de mano de una celebrity en redes es el conocido #MeToo (#YoTambién), en octubre de 2017 gracias al llamamiento que hizo la actriz Alyssa Milano al conocerse las acusaciones de abuso sexual de Rose McGowa (otra conocida actriz) contra el productor de cine Harvey Weinstein.

El movimiento #MeToo tuvo consecuencias más allá de los 19 millones de tweets haciéndole mención contabilizados un año después del inicio del movimiento (Brown, 2018). Por ejemplo la respuesta masculina en redes apoyándolo a través del hashtag #HowIWillChange (#CómoCambiaré) (Cashin, 2017) o la creación del fondo Time’s Up-enlace time’s up https://www.timesupnow.com/ (“el tiempo se acabó”) por parte de actrices para hacer frente a las situaciones de abuso y violencia basadas en el género (El Diario, 2018). Aunque tampoco le han faltado críticas, como por ejemplo Margaret Atwood, la autora de “The Handmaid’s Tale” (“El cuento de la criada”), que publicó un artículo (Atwood, 2018)  en el que hacía un llamamiento a la necesidad de continuar con el movimiento más allá de redes y describiendo que el movimiento surge en realidad de un sistema de justicia “roto” y mencionando los “riesgos de una justicia rápida y popular” (El Mundo, 2018).

En cualquier caso de lo que no cabe duda es que el feminismo es un tema candente a día de hoy al que con frecuencia se hace mención en los medios de comunicación. Pero ¿se trata sólo de una moda mainstream y McDonalizada? ¿Ha perdido el movimiento sus objetivos y perspectiva interseccional?¿Qué consecuencias puede traer que se trate en los medios por expertas y no expertas?¿Hay buenas y malas feministas?   

Desde la psicología social aún queda mucho camino por recorrer, tanto renovando la disciplina desde dentro, como produciendo más conocimiento científico para dar respuesta a estas y otras preguntas desde una perspectiva feminista. La psicología en general tiene un pasado histórico en el que la mujer, como en otras tantas disciplinas, no ha sido reconocida como sujeto de conocimiento y los casos en los que las mujeres consiguieron superar estos obstáculos, fueron olvidados por la historia como por ejemplo Mary Calkins, Christine Ladd, Hellen Thomson Woolley, o Georgene Seward. La psicología social en particular puede aportar mucho al debate planteado también desde la investigación, un ejemplo de ello es el estudio de Feltman, y  Szymanski (2018) mencionado anteriormente sobre redes sociales y auto-cosificación, del cual podemos concluir en cierta medida, que una información superficial en lo que respecta a feminismo, no resulta una estrategia subversiva muy eficaz.

Sofía Schwartz Salazar


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BIBLIOGRAFÍA

Atwood, M. (2018) Am I a bad feminist?, The Globe and Mail Enero, 15, 2018. Disponible en: https://www.theglobeandmail.com/opinion/am-i-a-bad- feminist/article37591823/  Acceso 19/11/2018

Brown, D. (2018). 19 million tweets later: A look at #MeToo a year after the hashtag went viral Dalvin Brown, USA Today, Octubre, 13, 2018. Disponible en: https://eu.usatoday.com/story/news/2018/10/13/metoo-impact-hashtag-made- online/1633570002/ Acceso 19/11/2018

Cashin, D (2017). Men are using #HowIWillChange to back the #MeToo Twitter campaign. BBC, Octubre, 18, 2017. Disponible en: https://www.bbc.co.uk/bbcthree/article/99087acf-d8c2-408b-8209- f22b7f633744 Acceso 19/11/2018

El Diario (2018). Más de 300 actrices de Hollywood crean un fondo contra abusos sexuales como el de Weinstein. El Diario, Enero, 02, 2018 Disponible en: https://www.eldiario.es/cultura/Actrices-Hollywood-abusos-sexuales- weinstein_0_724777767.html Acceso 19/11/2018

El Mundo (2018). Margaret Atwood critica el movimiento #MeToo: “¿Soy una mala feminista?”, El Mundo, Enero, 17, 2018. Disponible en : https://www.elmundo.es/f5/comparte/2018/01/17/5a5f3b83468aebdd148b4686.h tml Acceso 19/11/2018

Encyclopedia of World Biography (s.f). Bell Hooks Biography. Recuperado de https://www.notablebiographies.com/He-Ho/Hooks-Bell.html

Feltman, C. E., y Szymanski, D. M. (2018). Instagram use and self-objectification: The roles of internalization, comparison, appearance commentary, and feminism. Sex Roles78(5-6), 311-324.

Frankenberg, R. (1993). Growing up white: feminism, racism and the social geography of childhood. Feminist Review, 45, 1.

Gibson, C (2016). Beyoncé and ‘Lemonade’ Are Giving These Feminist Scholars So Much to Debate. The Washington Post, mayo, 11, 2016. Disponible en: https://www.washingtonpost.com/news/arts-and-entertainment/wp/2016/05/11/beyonce-and-lemonade-are-giving-these-feminist-scholars-so-much-to-debate/?utm_term=.ec7a04137df2

Hernández, L. F. (2017). El feminismo como producto mediático: la paradoja Beyoncé. Investigaciones feministas: papeles de estudios de mujeres, feministas y de género8(2), 457-474.

Martínez, C. R. (2017). Mercantilización de la educación y feminismo. Atlánticas: revista internacional de estudios feministas2(1), 32-59.

Ritzer, G. La McDonalización de la sociedad (1999). Editorial Ariel: Barcelona.

Rudman, L. A., & Mescher, K. (2012). Of animals and objects: Men’s implicit dehumanization of women and likelihood of sexual aggression. Personality and Social Psychology Bulletin38(6), 734-746.

Rutherford, A. (2018). Feminism, psychology, and the gendering of neoliberal subjectivity: From critique to disruption. Theory & Psychology, 28(5), 619-644.

Sau, V. (2000). Diccionario ideológico feminista, 1, Barcelona: Icaria, 121. 

Varela, N. (2005). Feminismo para principiantes, Barcelona, Ediciones B

Hablemos bazofia: Acercándonos a lo cotidiano, lo oculto y lo intencional

Bazofia (sust. fem.): Cosa soez, sucia y despreciable.

A diario estamos buscando lo liviano. Lo sin sentido que nos da la sensación de que nos llena por dentro. Mezclamos lo cotidiano con lo superficial y lo violento, y
hacemos una bazofia habitual que nos da de qué hablar. Pues hablemos. Vengo de una colonia patriarcal y desigual que me ha enseñado a ser agua en los procesos y en los intercambios. Abrazar con curiosidad la(s) bazofia(s) y a rescatarla(s) desde la resignificación, la sanación y la transformación. Así es que te invito a que hablemos un poco de la bazofia cotidiana a ver si terminamos interesadas en las nimiedades de donde estamos.

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Viñetas ilustradas y escritas por Mariela Pabón Navedo. (Navedo)

¿Dónde estamos?

Vivimos en un sistema que es jerárquico, binario y violento. Este sistema reproduce de manera simultánea y sistemática categorías de raza, género, sexualidad y clase. Es a través del lenguaje que se trasmiten narrativas dominantes, procesos psicológicos subyacentes y se manifiestan interacciones ambivalentes. Algo que se suele soslayar, son las narrativas racistas implícitas que se reproducen y se plasman en el lenguaje que utilizamos a diario. Una forma de problematizar la racialización del lenguaje desde un análisis de discurso que es interseccional, es visibilizar los procesos psicológicos subyacentes. Especificamente, como el lenguaje hace alusión a lo oscuro y no visible como negativo frente a lo claro y visible como positivo. Ahí yace una relación inseparable de la denominación categorial de la raza, el género, la sexualidad y la clase social.

Utilizamos la «denominación categorial» como concepto que habla de categorías que tienden a ser separadas, pero que son inseparables ante la autora María Lugones. La misma entiende por denominación «categorial» lo siguiente: “Introduzco el neologismo «categorial» para señalar a relaciones entre categorías. No quiero decir «categórico». Por ejemplo, podemos pensar de la vejez como una etapa de la vida. Pero también podemos pensarla como una categoría relacionada al desempleo y podemos preguntarnos si el desempleo y la vejez se pueden comprender separadas la una de la otra. Género, raza, clase han sido pensadas como categorías. Como tales, han sido pensadas como binarias: hombre/mujer, blanco/negro, burgués/proletario. El análisis de categorías ha tendido a esconder la relación de intersección entre ellas y por lo tanto ha tendido a borrar la situación violenta de la mujer de color excepto como una adición de lo que les pasa a las mujeres (blancas: suprimido) y a los negros (hombres: suprimido). La separación categorial es la separación de categorías que son inseparables” (Lugones, 2008, pág. 76).

 

¿Análisis de discurso?: No es lo que se dice, es lo que se intenciona

Ian Parker nos expone cómo más allá de haber distintas formas de tener en cuenta cómo cambia el lenguaje, cómo se combina y lo que hace; reitera cómo a través del análisis de discurso podemos sistemáticamente examinar qué procesos subyacentes psicológicos nos provoca (Parker, 1996, pág. 72). Más que darle sentido a lo analizado, este trasciende de lo material para ahondar en lo que no se dice, sino en lo que se intenciona. Si nos remontáramos desde el registro psicoanalítico podríamos decir que “siempre hay algo más allá que lo meramente dicho” (Colón, 2011). En nuestro caso, queremos hacer hincapié en la tensión discursiva entre el “lado oscuro/ no-visible” de cara al “lado claro/visible” que presupone semióticamente que lo ‘negro’ tiene en nuestras culturas una carga no solo negativa, sino siniestra. Mas esto parece lícito despedazarlo desde el lente de la interseccionalidad, ya que si no, no comenzamos a hacerle frente a las injusticias de las violencias implícitas y explícitas que vivencian las cuerpas negras, latinas, asiáticas – DE COLOR – trans, cúir, intersexo y con diversidad funcional, entre otras.

La interseccionalidad como marco teórico y su conexión con la colonialidad

Rescatando que lo personal es político, por tanto, me parece íntimamente pertinente problematizar las categorías que están imbricadas e invisibilizadas y que no pueden separarse. Esto lo hacemos utilizando la interseccionalidad como marco teórico. Hacer las categorías de raza, género, sexualidad y clase visibles e indivisibles, permite destapar lo que ocultamos en el palique del día a día. Según la Real Academia Española, es una conversación de poca importancia.

Es desde esta perspectiva que nos remontamos en el concepto de interseccionalidad que nos trae María Lugones. Lugones, a través de la conceptualización de la colonialidad del poder de Anibal Quijano, que reconoce la intersección entre raza y género; entiende la colonialidad como un concepto que sobrepasa su relación con la “raza”. Provocando que se entrechoque con todas las relaciones interactivas entre lo individual y lo colectivo. Sumando a esto, constata que parte de las violencias raciales y de género que vivenciamos las mujeres de color radica en la separación categorial entre la “raza” /etnia, el género, la clase social, y la sexualidad.

Basándonos en Lugones, “la autodenominación mujer de color, no es equivalente a, sino que se propone en gran tensión con los términos raciales que el Estado racista nos impone. Las feministas de color nos hemos movido conceptualmente hacia un análisis que enfatiza la intersección de las categorías raza y género porque las categorías invisibilizan a quienes somos dominadas y victimizadas bajo la categoría «mujer» y bajo las categorías raciales “Black” “hispanic”, “Asian”, “Native American”, “Chicana” a la vez, es decir a las mujeres de color” (Lugones, 2008, págs. 81-82)

Lugones presenta y complica el modelo de Aníbal Quijano, ya que este brinda una lógica de ejes estructurales, de lo que permite ser una buena base para la comprensión de los procesos de entrelazamiento de la producción de género y raza. La colonialidad del poder es un concepto para comprender el patrón del poder capitalista eurocentrado y global que se entiende a través de un sistema jerárquico, binario, violento, capitalista y moderno (Lugones, 2008). Lo que trae Lugones es la mutualidad de la construcción de la colonialidad del poder y del sistema de género colonial/moderno – dando a lugar la inseparabilidad categorial. A través de la colonialidad del poder que rescata de Quijano, se ve la distinción a partir del mito de la modernidad entre “superior-inferior”; “primitivo-civilizado”; “tradicional- moderno”; racional-irracional”; este nos permite hacer hincapié en que estamos haciendo referencia a un sistema jerárquico, binario y violento; que es quien sostiene y reproduce los discursos y supuestos sociales que nos interpelan.

El trabajo de Lugones nos requiere entender y problematizar “las luchas de las mujeres contra formas múltiples de violencia contra ellas y contra sus mismas comunidades racializadas y subordinadas” (Lugones, 2008, pág. 90), ampliando el lente con que analizamos cómo se reflejan los procesos psicológicos subyacentes a las discursivas racistas que han sido normalizadas. Por tanto, la interseccionalidad revela lo que no se ve cuando estas categorías se conciben por separado. Este entrecruzamiento de categorías inseparables a través del concepto de la colonialidad del poder y de género, da paso a la visibilización de las tensiones entre el lado oscuro/no-visible de cara al lado claro/visible que convergen entre las relaciones de “raza”, de clase, de género y de sexualidad. Por lo que, este proceso de racialización no solo subordina y violenta mientras normaliza, sino que prescribe y ahonda con el lenguaje que nos atraviesa. Este nos atraviesa en la medida que nos permite comunicarnos y construir conocimientos pero, sobre todo, es el que nos ayuda en el devenir de identidades (individuales y colectivas) – devolviéndonos a la inseparabilidad categorial de la raza, el género, la sexualidad y la clase social.

Entendemos que el futuro cuando hablemos de la separación categorial, debería incluir la diversidad funcional como otra categoría que debería ser inseparable. Ya que esto permitiría un rescate del qué

hacer y cómo hacerlo como acto político en un sistema capitalista que no reconoce las cuerpas y formas distintas de “trabajar” o ser “funcional”.

Les niñes, la colonia y las narrativas racistas

La tensión discursiva entre el lado oscuro/no visible vis-à-vis el lado claro/visible es lo que presupone el negro no solo como negativo, sino como siniestro. Esto es de especial relevancia cuando queremos entender cómo se refleja en los procesos psicológicos subyacentes de las cuerpas de mujeres, personas no binarias, niñes y personas de clase baja que fenotípicamente son distinta a la norma (el hablar en femenino es reivindicar la narrativa de la que se hace alusión. Es una forma de visibilizar cómo de la misma forma que quien lee no se siente apelado o identificado, las mujeres u otras personas no binarias no se sienten identificadas o representadas cuando se habla y generaliza en masculino). Esto implica un proceso de socialización y de construcción identitaria violenta e inestable. Más aún, cuando el proceso de socialización se da dentro de un contexto colonial (actual) en el que hereda manifestaciones implícitas y explícitas de una jerarquía racial esclavista (Godreau, y otros, 2013). Cojamos un caso como Puerto Rico, primero colonia de España (1493-1898) hasta la guerra hispano-cubano-estadounidense en donde fuimos relegados como colonia estadounidense. Puerto Rico carga consigo una memoria colectiva colonial y, por tanto, racista de más de 500 años. El proceso de ser colonia implica ser obligados a una asimilación que hereda los prejuicios y discriminaciones que sostienen las relaciones de poder jerárquicas a nivel político, social y económico. Esto quiere decir, que en el proceso de construir identidades individuales y colectivas de las personas puertorriqueñas, serán nacidas dentro de narrativas que escuchamos a menudo como “pelo malo” (para referirse al pelo crespo), decir que a alguien “se le salió lo de negro” (para señalar una respuesta agresiva), la recomendación de que “hay que mejorar la raza” (para blanquearse), o la aclaración de que una persona es “negra pero inteligente, buena o bonita” (indicando que se trata de una excepción) (Godreau, y otros, 2013). Estas narrativas demuestran que no somos neutrales al valorar y hablar sobre nuestra herencia (Picó y Alegría, 1989 en Grodreau, y otros, 2013), y lo que es más problemático, que demuestra cómo invisibilizamos la violencia con la que criamos a nuestres niñes, dando por alto el impacto psicológico y emocional a través de la repetición y normalización del lenguaje coloquial.

En un estudio, intervención e investigación que se llevó a cabo durante seis años y que se hizo con estudiantes de escuela elemental en dos pueblos de Puerto Rico (Godreau, y otros, 2013) (el estudio se concentró en tercer grado, ya que el Departamento de Educación destaca la enseñanza de las “tres raíces” que conforman la cultura puertorriqueña —incluyendo la “raíz africana”— en este nivel (Godreau, y otros, 2013, pág. 12)), podemos rescatar algunas de estas violencias. Dentro de las distintas cosas que encontraron, muestran que un 64% de las maestras (25 de 39 maestras entrevistadas) dijeron haber tenido que intervenir con un niñe agresor o víctima del racismo en algún momento. Uno de los testimonios decía lo siguiente:

Los niños iban entrando para la biblioteca de kindergarten. Venían en fila y parece que se empujaron y el que quedaba al frente era [un niño], y la nena que venía detrás de él cayó, como encima de él. Y él se vira y le dice ‘negra sucia’. Para mí, fue impactante porque yo vengo del nivel superior, intermedia, y eso sí lo he visto, pero, en kindergarten, escuchar esas palabras y de la manera como él se las dijo… me impactó”. Maestra en Cayey, (Godreau, y otros, 2013, pág. 21)

El proceso de escuchar desde que eres pequeño cómo eres menos porque fenotípicamente eres distinto, implica una violencia implícita y latente que les niñes se acostumbran a ver como normal. Cuando a algunes niñes le preguntaron qué cosas querían cambiar de sí mismes, las características a las que apuntaban eran de carácter estético racial. Así, por ejemplo, algunes dijeron: “Me gustaría cambiar los ojos, porque quiero tener los ojos verdes”; “el pelo, porque tengo el pelo rizo y feo y no me gusta mi pelo rizo, me gusta lacio”, dijo otra estudiante; “la nariz, para tener la nariz perfilada”, escribió un niño. “Quisiera tener los ojos azules”, escribió una niña que también indicó que, si ella tuviera que salir en una obra escolar le gustaría ser española, “porque me gustaría ser blanca” (Godreau, y otros, 2013, pág. 25). Una y otra vez presenciamos cómo en el baile entre el lado oscuro/no visible de cara al lado visible/claro les niñes, en este caso, prefieren ser algo que no son. Lo violento de este proceso es que con el lenguaje que están aprendiendo a construir una identidad, están paralelamente aprendiendo a odiarse y a culparse por ser como son. Esto refleja un proceso subyacente psicológicamente traumático y pernicioso. El proceso psicológico subyacente es la co-construcción de mundos paralelos en tensión, uno con el peso del lado claro/visible de cara al otro no visible/oscuro. Este proceso perpetúa un sistema binario que a diario le está diciendo a alguien que no es suficiente, que no vale, que no es estéticamente bonito, que es agresivo. Se dice sin decir, porque de nuevo, no es lo que se dice, es lo que se intenciona.

Entonces, más que visibilizar el peligro del prejuicio y la discriminación y cómo esta se manifiesta de forma latente a través del lenguaje, pretendemos desmenuzar la bazofia de a diario viendo cómo desde lo micro y cotidiano somo co-autores de la perpetuación de violencias en el lenguaje. Por esto, utilizamos la interseccionalidad no como un mero cúmulo de categorías que se interconectan según un tiempo y un espacio, sino como una guía que nos ayude a comenzar a ver y ser conscientes. Entendiendo que en sí misma no es algo estático, sino un acercamiento lingüístico y crítico que nos sirve de lente según cada persona y contexto.

Lo que buscamos es arrancar los mitos de raíz que nos silencian y que nos imposibilitan co-construir una vida digna para todas, todos y todes. Arrancar de raíz mientras se toma el café, se habla con la abuela, se camina por la calle, se debate en la barra. Más que analizar el discurso y posicionarnos de manera pasiva, utilicemos la horizontalidad y las herramientas que tenemos, para que te preguntes – tú que me lees – como se ve ese (des)aprender. ¿Qué implica entonces? ¿Callar o empujar límites? Una vez termines de leer esta bazofia escrita, pregúntate dos veces antes de utilizar frases como “pelo malo”, “mercado negro”, “humor negro”, “te salió lo de negro”, y “hay que mejorar la raza”; porque al final del camino, “siempre hay algo más allá que lo meramente dicho”.

Jessica A. González Sampayo

 


Referencias

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Godreau, I., Ortiz, M. F., Lloréns, H., Pumarejo, M. R., Torres, I. C., & Concepción, J. A. (2013). Arrancando Mitos de Raís Guía para una Enseñanza Antiracista de la Herencia Africana en Puerto Rico. (O. B. Reyes, Ed.) Puerto Rico, UPR-Cayey: Instituto de Investigaciones Interdisciplinarias .

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EXRECLUSXS, DELINCUENTES PARA SIEMPRE

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Tiene derecho a guardar silencio y a no responder a las preguntas, cualquier cosa que diga puede ser usada en su contra ante un tribunal, tiene derecho a un abogado, si no tiene se le asignará uno de oficio, pero, ¿tiene derecho a la integración social? ¿Tiene derecho a no ser excluido de la sociedad?

Según los datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, actualmente la población penitenciaria consta de 59.070 personas a nivel nacional. La gran mayoría provienen de colectivos en riesgo de exclusión social(como barrios desfavorecidos) y por lo tanto, de una sociedad precaria y vulnerable (Segovia, 2011), cometen un delito y entran en prisión, pasando a pertenecer al colectivo penitenciario, como personas privadas de libertad. Cabrera (2002) indica que el ingreso en prisión provoca inevitablemente desidentificación y desocialización unido al proceso descrito por César Manzanos (1991) que consta de cinco etapas:

  • Ruptura con el exterior: al entrar en la institución penitenciaria se pierde el contacto con el exterior, se priva a la persona de estímulos generando desamparo y debilidad.
  • Desadaptación y desidentificación: en esta etapa la persona comienza a perder su propia identidad: se aísla, se deshace de toda clase de intimidad y termina integrándose en el nuevo colectivo como unx más.
  • Adaptación al centro penitenciario: lxs presxs se adaptan al nuevo contexto y a las relaciones interpersonales subyacentes, adoptando la subcultura de la cárcel.
  • Desvinculación de la familia: la cárcel provoca dificultades en el encuentro y contacto familiar, provocando problemas familiares (falta de apoyo, divorcios, abandono, etc.)
  • Exclusión social: el paso por la cárcel estigmatiza a las personas, dificultando la posibilidad de encontrar trabajo al salir, provocando trastornos psicológicos y arrastrando a la persona hacia el submundo de la delincuencia.

Manzanos (1991) también menciona que una vez que la persona ha cumplido su condena y procede a salir de la institución penitenciaria, es de vital importancia que se cubran tres necesidades: que una persona lo esté esperando, disponer de una vivienda en la que residir y tener un trabajo para ganarse la vida. Pero como se observa en la realidad, cuando salen de la cárcel, estas necesidades mayormente no son cubiertas, es decir, un gran número de personas no tienen un trabajo al salir, no poseen un lugar de residencia o han perdido el contacto con su familia. Todo esto puede provocar que la persona cuando sea puesta en libertad se encuentre en un estado total de abandono, aumentando las probabilidades de reincidencia (Manzanos, 1998), encontrando datos sobre reincidencia de un 30.2%, es decir, tres de cada diez sujetos que estaban en prisión han vuelto a reingresar por un nuevo delito en 2014 (Capdevila et al. 2015).

El Estado es consciente de este índice de reincidencia, por ello, en los Documentos Penitenciarios del Ministerio de  Interior (2017) se observa el interés por la rehabilitación de las personas privadas de libertad para reducir la reincidencia, apoyándose en los valores de reeducación y reinserción social de la Constitución Española (Art. 25.2).

Pero, ¿qué le espera verdaderamente a una persona privada de libertad al salir de la cárcel? ¿Cómo actúa la sociedad? ¿Qué pensamos de la institución penitenciaria en cuanto a institución rehabilitadora?

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Generalmente la sociedad considera que la institución penitenciaria no cumple su función como institución rehabilitadora, es más, piensan que los presos viven en condiciones aceptables en ellas, por lo que la mayoría considera que al salir de prisión estas personas volverán a delinquir (Conejo & Mora, 2008). Por otra parte, si nos centramos en los sentimientos y pensamientos de la sociedad acerca de los exreclusxs, observamos en estudios que una mayoría de personas no mantendrían una relación de amistad con un exreclusx, incluso les infundiría sentimientos de miedo, por lo que se favorecería el rechazo a este colectivo (Acosta, Guillén & González, 2018). Esto es debido al proceso de estigmatización que sufren las personas privadas de libertad al pasar por la institución penitenciaria, es decir, se le confiere una etiqueta (“delincuente” “criminal”)  que es devaluadora en el contexto social. Esta estigmatización surge por temor y miedo hacia los exreclusxs (Pérez, 2013). Por lo tanto, la condena en la cárcel termina, pero la estigmatización perdura tras su salida.

Poseer esa etiqueta sobre sus hombros hace que se encuentren en mayor desventaja en el ámbito laboral. Esta estigmatización iría en contra de la reinserción social, debido a que dichas personas estigmatizadas tenderán a vincularse con sus iguales, es decir, con otras personas que posean la misma etiqueta, tenderán a unirse con exreclusxs, antes que con personas no reclusas (Pérez, 2013). Por lo tanto, este proceso de estigmatización a los reclusos los marca en la vida y a su vez los condiciona en los distintos aspectos de la vida (Liras, 2018).

¿Cómo podemos mejorar esta situación?

Boag & Wilson (2014) con su investigación descubrieron que las personas que pasaban por una experiencia de contacto con los presxs, mediante una visita a la cárcel, reducían sus niveles de prejuicios hacia ellxs, esto es debido a que dicha experiencia provocaba que aumentase la empatía hacia ellxs y como consecuencia se redujesen los prejuicios, descubriendo que la empatía podía ser un importante elemento para explicar cómo mejorar las actitudes hacia los delincuentes y poseer una mayor tolerancia puede conllevar a una reducción de la reincidencia. (Ver entrada: El contacto intergrupal y la disminución de prejuicios). Por otra parte, en la investigación realizada por Kjelsberg et al. (2007) se estudian las actitudes hacia los presxs, encontrando que existe una gran importancia de la actitudes positivas tanto de la población, como de los funcionarios de prisiones, los compañeros presxs y hacia ellos mismos (autoestima) para la efectividad de los programas de rehabilitación. En ambas investigaciones se utiliza la escala de Actitudes hacia los prisioneros (ATP), desarrollada por Melvin (1985). 

De esta forma, cabe destacar la importancia de que la sociedad cambie su mentalidad, tenemos que ser conscientes de que poseemos un prejuicio, que somos partícipes en el proceso de estigmatización y debemos cambiarlo, adoptando una postura más empática y una actitud positiva hacia los reclusos y las reclusas. Favoreciendo su rehabilitación y disminuyendo el índice de reincidencia y, por consecuente, favoreciendo a la integración social de dichas personas.

Laura Lourdes Ruiz Hornos


Referencias Bibliográficas

Acosta, C., Guillén, S. & González, C. (2018). Actitudes hacia los reclusos y hacia la reinserción e inclusión social de los ex reclusos (TFG). Universidad de La Laguna, Tenerife, España.

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Simons, H., (2011). El estudio de caso: Teoría y práctica, Madrid, España, Ediciones Morata S.L.

El prejuicio étnico desde un distanciamiento social: 
¿prejuzgamos lo que se aleja de nosotrxs?

Si reflexionamos sobre cómo vivimos y afrontamos nuestro día a día, en términos mentales podríamos considerar al ser humano como un individuo egocéntrico. Su punto de referencia es él mismo en este preciso instante, en el tiempo y en el espacio (Trope y Liberman, 2010). Por ello, nos resulta imposible experimentar un hecho en el pasado o vivirlo en el futuro, vivir otras realidades o en otro lugar que no sea el nuestro: porque nuestra vida se basa en el presente. 

Sin embargo, esta idea no es tan estática como teóricamente podría parecer. Si fuera así, ¿cómo podríamos explicar que seamos capaces de trascender el ahora, nuestro presente, y tengamos la capacidad de imaginar planes lejanos, idear nuestras propias metas o imaginar hipótesis alternativas a nuestra realidad? La teoría del nivel de conceptualización (Construal Level Theory) (Trope y Liberman, 2010) nos muestra que somos capaces de formar representaciones mentales de todo aquello que esté distante a nosotrxs: recordar un encuentro que sucedió hace años, imaginar la reacción que pueda tener un amigo o hacer predicciones de nuestro desempeño en el trabajo. Ese distanciamiento se relaciona con situarse cerca o lejos de algo, con cómo percibimos eventos y experiencias, ajenas aparentemente a nuestro presente (Trope y Liberman, 2010). Pongamos varios ejemplos para reflejar los distintos tipos de distanciamiento: si nos ocurre algo en nuestra ciudad, lo percibiremos más cercano que si ocurre en otro país (distanciamiento espacial). Si un contratiempo le sucede a un familiar se considerará más cercano que si le ocurre a alguien desconocidx (distanciamiento social). Un evento imaginario se valorará como más lejano que uno que ya ha ocurrido (distanciamiento hipotético). Por último, si una experiencia nos ocurrió en el pasado, la percibimos más lejana que si ocurre de nuevo en la actualidad (distanciamiento temporal).

Nuestro cerebro es capaz de relacionar entre sí cada una de estas distancias, accediendo automáticamente a ellas incluso cuando no se relacionen con nuestro estado actual (Trope y Liberman, 2010). Así pues, podemos, por ejemplo, pensar en qué queremos hacer mañana desde nuestro momento presente.

En este sentido, es importante destacar que en los primeros años de vida adquirimos la capacidad de planificar un futuro lejano, considerar las posibilidades que no están presentes, interpretarlas y tomar la perspectiva de personas más distantes: pasando del egocentrismo inicial infantil al reconocimiento de otrxs, a ser capaces de empatizar desde el entorno social inmediato a grupos sociales más grandes y lejanos. Por tanto, a medida que crecemos, adoptamos un pensamiento más abstracto (Trope y Liberman, 2010).

La abstracción que implica pensar en personas o en grupos externos a nosotrxs puede cambiar nuestro juicio sobre todo aquello que no encaja en nuestras categorías. Es por ello que lo que aparentemente no nos identifica o no nos categoriza nos resulta más distante socialmente hablando. El aumento del resto de tipos de distancia psicológica que anteriormente mencionábamos (por ejemplo, personas procedentes de distintos países o de diferentes edades) puede incrementar esa distancia social entre los grupos, lo que lleva a una mayor cantidad de estas evaluaciones intergrupales negativas. De esta forma, cabe destacar cómo el prejuicio nace precisamente a través de una evaluación negativa de los miembros de un grupo; si sentimos desconocimiento o falta de familiaridad ante lo diferente, ya sean individuos o grupos, es más fácil que pueda darse una actitud más hostil hacia aquello con lo que no nos identificamos. De ahí que el prejuicio étnico nazca como un rechazo hacia personas con costumbres o rasgos socioculturales diferentes a los nuestros (Enesco et al., 2013).

La similitud interpersonal es otra forma en la que se manifiesta el distanciamiento psicológico, tanto lejano como cercano. Cuanto más similar es alguien para nosotrxs, más socialmente cerca nos parece, ya sea por nuestra apariencia física, procedencia o estatus social (Liberman et al., 2008). Sin embargo, todas las sociedades no comparten el mismo prejuicio étnico hacia los mismos grupos: no es una respuesta generalizada, sino que depende del contexto e historia política y socioeconómica del país (sería el caso de la población negra y los casos de emigración afroamericana en Estados Unidos, los gitanos en España, etc.). 

Además, la distancia temporal y social puede aumentar o disminuir la familiaridad: es más probable que nos identifiquemos más con personas de nuestro propio país que con personas de un país lejano. La falta de familiaridad (y, por tanto, un mayor distanciamiento social) puede afectar a que se produzcan actos de discriminación, que involucran estereotipos, niveles de empatía y prejuicios étnicos. Por lo tanto, aumentar cualquier tipo de distancia psicológica puede tener consecuencias negativas para las relaciones entre grupos o individuos socialmente distantes.

Resulta interesante mencionar cómo el lenguaje puede jugar un papel fundamental a la hora de perpetuar un prejuicio y denotar a miembros de un mismo grupo étnico en función de su estatus social y económico: no es lo mismo referirse a un individuo como “moro” que como “árabe”. El lenguaje tiene connotaciones positivas y negativas en función de referencias etnohistóricas, reflejando en muchas ocasiones los valores y la cultura representativa de la sociedad. No por ello existe un lenguaje del prejuicio, sino que más bien se le da un uso prejuicioso, que varía según el contexto histórico y social predominante. En ese sentido, los grupos mayoritarios usan el lenguaje como un medio para perpetuar su dominación sobre otros grupos sociales, como son el caso de expresiones racistas, sexistas o xenófobas. Aunque el lenguaje no pueda generar por sí solo un cambio social, con él podemos evitar la creación de estereotipos y percepciones erróneas, disminuyendo, además, la proliferación de discursos de rechazo y odio (Terrán, 2001). 

¿Racismo o xenofobia?

Es importante diferenciar el prejuicio étnico de conceptos como el racismo o la xenofobia. La xenofobia es un tipo de exclusión y rechazo que se da contra las personas ajenas al endogrupo étnico por el mero hecho de serlo, y es particularmente intensa por motivos raciales. No obstante, se diferencia del racismo en que la persona xenófoba no siente una superioridad racial o cultural, aunque para preservar su identidad cultural solamente acepta a los extranjeros e inmigrantes mediante su asimilación sociocultural. De esta forma, se acaban perdiendo las particularidades, prácticas y la originalidad de la identidad del grupo minoritario. 

Por otra parte, el racismo incluye determinadas prácticas institucionales, culturales o individuales que sobrepasan el límite del prejuicio (Enesco et al., 2009), exacerbando el sentimiento de identidad racial de un grupo en detrimento a otros grupos étnicos, que son rechazados, discriminados e, incluso, perseguidos. Por ello, actualmente se dan más bien actos propios de xenofobia; es decir, con más frecuencia podemos estar presentes ante un prejuicio histórico, cultural, social o religioso a grupos étnicos diferentes al nuestro. No obstante, si valoramos cómo ha disminuido en los últimos años las formas más evidentes de racismo en nuestra sociedad, ¿podemos afirmar que el prejuicio racial manifiesto ha desaparecido?

Pese a que el prejuicio manifiesto y amplio hacia las minorías étnicas se ha reducido notablemente, realmente no se ha erradicado en su totalidad. Las nuevas formas del prejuicio racial responden a un cambio de concepto: si antes se expresaban en términos de inferioridad racial, actualmente se manifiestan de forma más abstracta y sutil. Por ejemplo, se defienden los valores tradicionales, se exageran las diferencias entre grupos o se expresan emociones negativas hacia lo diferente. Esa antipatía más sutil rechaza la forma tradicional y manifiesta de racismo, pero emite un discurso socialmente aceptado que nos da la posibilidad de marginar y discriminar a lxs inmigrantes sin tener conciencia de que nuestras actitudes y/o comportamientos son igualmente prejuiciosos (Retortillo y Rodríguez, 2008). 

Pero ese rechazo sutil y ese origen del prejuicio en la sociedad se produce desde que somos pequeños. Comenzamos a categorizar para reducir la diversidad del mundo físico que nos rodea, y no es hasta aproximadamente los 7 años cuando se comienzan a reconocer las diferencias intragrupales. La teoría del desarrollo intergrupal analiza por qué una característica o un atributo personal se convierte en saliente a través del uso implícito del lenguaje, el etiquetado o la discriminación perceptiva, donde la raza juega un papel fundamental para establecer esa saliencia y, posteriormente, categorizar y desarrollar ese prejuicio. Meertens y Pettigrew (1997) buscan el origen del prejuicio sutil en la existencia de normas sociales que prohiben las expresiones abiertas del prejuicio y la discriminación. En este sentido, la distinción entre prejuicio sutil y manifiesto es especialmente aplicable a aquellos grupos de población o sociedades en los que las normas anti-prejuiciosas están bien asentadas, como pueden ser las personas con niveles altos de educación, los jóvenes y las personas políticamente liberales (Molero, Cuadrado y Navas, 2006).

El prejuicio en las redes sociales y en el humor: formas para distanciarnos

Dentro de esta sutileza que caracteriza el momento social actual, podemos encontrar este tipo de prejuicio de forma cotidiana sin que seamos verdaderamente conscientes de que se da. Dos ejemplos de ello residen en cómo nos comunicamos en las redes sociales y, dentro de ellas, en el uso que hacemos del humor. 

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En general, cuando se habla de humor se tiende a compartir la visión de estar refiriéndose a algo divertido e inofensivo (Ford et al., 2013). Sin embargo, no todo humor es inocuo: ¿en cuántas ocasiones hemos podido expresar con tranquilidad emociones negativas hacia una persona o un grupo determinado ya que se trata solo de un chiste? Y, aún más, bajo el anonimato que pueda respaldarnos en una red social.

De esta forma, la persona no tiene por qué responsabilizarse de los pensamientos expresados en forma de humor. En este sentido, conviene mencionar al denominado humor de denigración, entendido como una forma de transgresión, de violación social o de ruptura de reglas sobre lo que resulta adecuado socialmente hablando (Kochersberger et al., 2014), menospreciando o ridiculizando a los miembros de un grupo determinado en función de características estereotípicas atribuidas al mismo. Así, además de promover los estereotipos o actitudes prejuiciosas, el humor de denigración puede aumentar la tolerancia hacia actos discriminatorios, especialmente en personas con altos niveles de prejuicio hacia el grupo denigrado. Este tipo de humor se menciona ampliamente en la entrada elaborada por Ángel del Fresno, así como sus mecanismos, consecuencias y límites del humor.

Todos estos ejemplos más concretos en torno a las actitudes xenófobas actuales siguen partiendo del mismo fondo que las actitudes abiertamente racistas: el distanciamiento psicológico, que provoca que la empatía con los demás sea diferente en cuanto mayores sean las diferencias que percibamos en los otros. Al igual que sostiene la hipótesis de contacto, propuesta por Gordon Allport en 1954 y trabajada por Verónica Peñalver en su entrada para el blog, provocar una mayor convivencia con aquello que consideramos diferente pueda permitirnos disminuir tal distanciamiento y, de esa forma, evitar estas actitudes prejuiciosas.

Solo existe una raza: la raza humana.
(Ovejero, 1998)

Mariela Bustos Ortega


Bibliografía

Enesco, I., Guerrero, S., Solbes, I., Lago, O., y Rodríguez, P. (2009). El prejuicio étnico-racial. Una revisión de estudios evolutivos en España con niños y preadolescentes españoles y extranjeros, Cultura y Educación, 21, 497-515.

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COSIFICACIÓN SEXUAL: ¿QUÉ INFLUENCIA TIENEN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN?

 

Hoy en día las mujeres crecemos y nos desarrollamos en una sociedad donde nuestro cuerpo juega un papel importante en el contexto cultural. Desde siempre se nos ha inculcado la idea de que para tener éxito en la vida tenemos que ser bellas, y aquí aparece el papel de los medios de comunicación. 

Constantemente nos están bombardeando con imágenes donde se cosifica sexualmente a la mujer, es decir, reducen a la mujer a su propio cuerpo sin considerar atributos internos (Sáez, Valor-Segura y Expósito, 2012). Esto lleva a que muchas mujeres tiendan a querer ser como las que aparecen en los medios de comunicación (Iglesias, 2015), y en muchas ocasiones dejan de percibir la cosificación sexual, es decir, no consideran que se les esté reduciendo a simples objetos sexuales, sino que se trataría de la única forma de conseguir éxito y poder (Sáez, 2016). Por ejemplo, en el caso de las mujeres estereotipadas que aparecen en publicidad ligeras de ropa, esa imagen va a simbolizar el erotismo (De Andrés, 2006), que es donde se presenta la cosificación sexual. Esto es el estereotipo publicitario, el cual se transforma en signos en función de las personas que aparezcan representadas en un anuncio (De Andrés, 2006). Es decir, la figura de una persona que aparece en un anuncio de manera estereotipada responde a una estructura simbólica. Por tanto, se puede observar que a través de los mensajes de la publicidad nos mandan diferentes estereotipos de un grupo social, como se suele dar en mayor medida con las mujeres.

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Los medios de comunicación y la evolución de las tecnologías, hacen que cada vez aparezcan más imágenes publicitarias retocadas digitalmente, y el contenido de muchos anuncios no se ajusta a la realidad. Por tanto, al ser estas imágenes presentadas como reales, hacen que muchas mujeres estén en persistente comparación para conseguir el ideal de belleza. Esto puede conllevar en algunas ocasiones la aparición de diferentes problemas como es la preocupación por la imagen corporal (Ladero, 2016).  Entonces, el problema surge cuando no se pueden alcanzar esas expectativas y esos estereotipos de belleza debido a que lo que nos presentan los medios se basan en mujeres con una perfección artificial. Es por todo esto que mantener una imagen atractiva se convierte en una excusa que está potenciada por las diferentes industrias. Estas venden esos ideales de belleza, las cuales se acaban enriqueciendo de las inseguridades que van mostrando las mujeres (Bernad, 2010). 

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El mercado industrial genera demandas que están relacionadas con el cuerpo de la mujer, donde se va a dar publicidad a los productos de belleza y a las dietas. Esto va a conllevar que algunas mujeres se obsesionen cada vez más por la belleza, por el cuerpo y por esos modelos inalcanzables que nos presentan constantemente, llevando a la aparición de enfermedades de la conducta alimentaria, como la bulimia y la anorexia (López Pérez, 2009 citado en Martínez-Oña y Muñoz-Muñoz, 2014). Es decir, las mujeres estamos sometidas a una presión social relacionada con la belleza, por lo que si nos salimos de la norma social establecida actualmente, se puede presentar insatisfacción con la propia imagen corporal(Casillas-Estrella, Montaño-Castrejón, Reyes-Velázquez, Bacardí-Gascón, Jiménez-Cruz, 2006), que está mantenida por los medios.

Según Calado y Lameiras (2014 citado en Ladero, 2016), para explicar la influencia de los medios de comunicación, existen dos teorías: 

  • Teoría de la comparación social. Hay una necesidad de recibir opiniones e información para evaluar diferentes situaciones que se nos presentan como nuevas, lo cual se hace por medio de la comparación (Festinger, 1954 citado en Ladero, 2016). Algunas mujeres, al exponerse a los estereotipos de belleza que ofrecen los medios de comunicación, les lleva a la aparición de alteraciones relacionadas con la imagen corporal (Posavac, 2001 citado en Ladero, 2016). Por tanto, se presenta una relación positiva entre esa necesidad de comparación con las imágenes ofrecidas por los medios de comunicación y la insatisfacción que se presenta con la imagen corporal. 

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  • Teoría de la interiorización. En el proceso de interiorización (Heinberg y col, 1995 citado en Ladero, 2016) se da la percepción del ideal de belleza y la creencia de que conseguir ese canon de belleza, que nos ofrecen los medios de comunicación, es totalmente necesario en nuestra vida. Toro (2004 citado en Ladero, 2016) afirma que antes de dejarnos llevar por el modelo de cuerpo delgado, es mejor conocer en primer lugar qué modelo de cuerpo es más aceptado por la sociedad en la que vivimos, ya que constantemente estamos expuestos a cambios en los estereotipos de belleza en función de la época y de los aspectos sociales, económicos y culturales del momento. Lo que ocurre es que el hecho de ser evaluadas y observadas por otras personas genera ansiedad, por lo que muchas mujeres van a invertir una gran cantidad de tiempo y esfuerzo en alcanzar esos estereotipos que son aceptados por el contexto cultural y por la sociedad (Ladero, 2016).

Con respecto a las intervenciones, The Body Project es un programa basado en la disonancia, y consiste en unas intervenciones escritas y comportamentales que incentivan a las mujeres a denunciar y criticar de forma pública el ideal de delgadez. Se ha demostrado que The Body Project es efectivo para mujeres con síntomas de trastorno de la conducta alimentaria subclínico (Stice et al., 2012 citado en Green et al., 2018), consiguiendo reducir los factores de riesgo (la internalización del ideal de belleza, la insatisfacción con el cuerpo, restricción dietética y  los efectos negativos) y los síntomas de los trastornos de la conducta alimentaria (Green et al., 2017). Las investigaciones confirman la existencia de relación entre la auto-cosificación, la comparación social inadaptada, la interiorización del ideal de delgadez, impulso hacia la delgadez y la insatisfacción corporal (Myers, Ridolfi, Crowther y Ciesla, 2012 citado en Green et al., 2018), por lo que la comparación social y la auto-objetivación pueden ser importantes a la hora de abordar las intervenciones destinadas a disminuir los síntomas del trastorno de la conducta alimentaria.

A modo de conclusión, considero que el canon de belleza que hoy es aceptado por la sociedad puede que mañana no sea el mismo, por lo que bajo mi punto de vista es muy importante que la sociedad sea consciente de que no hay que estar adaptándonos constantemente a los cánones debido al carácter fluctuante y cambiante. La belleza material bajo mi punto de vista es pasajera, por lo que con el paso del tiempo y de los años se va a ir marchitando, al igual que los cánones y estereotipos de belleza. 

Ángela González


BIBLIOGRAFÍA

Bernad, E. (2010). Ilicitud de las representaciones degradantes y humillantes del cuerpo femenino en la publicidad. Revista Icono 14, 186-207.

Casillas-Estrella, M., Montaño-Castrejón, N., Reyes-Velázquez, V., Bacardí-Gascón, M., y Jiménez-Cruz, A. (2006). A mayor IMC mayor grado de insatisfacción de la imagen corporal. Rev Biomed, 17, 243-249.

Del Campo, S. (2006). Hacia un planteamiento semiótico del estereotipo publicitario de género. Revista Signa, 15, 255-283.

Green, M.A., Willis, M., Fernández-Kong, K., Reyes, S., Linkhart, R., Johnson, M., Thorne, T., Lindberg, J., Kroska, E. & Woodward, H. (2017). A Controlled Randomized Preliminary Trial of a Modified Dissonance‐Based Eating Disorder Intervention Program. Journal of clinical psychology, 73 (12), 1612-1628.

Green, M.A., Kroska, A., Herrick, A., Bryant, B., Sage, E., Miles, L., Ravet, M., Powers, M., Whitegoat, W., Linkhart, R. & King, B. (2018). A preliminary trial of an online dissonance-based eating disorder intervention. Eating Behaviors, 31, 88-98.

Iglesias, J.L. (2015). ¿Cómo influye la moda en el comportamiento de los adolescentes? Adolescere, 3 (1), 57-66.

Ladero, Mª (2016). Influencia de los estereotipos de belleza actuales en la percepción de la imagen corporal (Trabajo de Fin de Grado). Universidad Pontífica de Salamanca, España. Disponible en:     https://summa.upsa.es/high.raw?id=0000043596&name=00000001.original.pdf 

Martínez-Oña, Mª y Muñoz-Muñoz, A.Mª. (2014). Iconografía, estereotipos y manipulación fotográfica de la belleza femenina. Estudios sobre el Mensaje Periodístico, 21 (1), 369-384.

Sáez, G., Valor-Segura, I., y Expósito, F (2012) ¿Empoderamiento o Subyugación de la Mujer? Experiencias de Cosificación Sexual Interpersonal. Psychosocial Intervention,  21 (1), 41-51.

Sáez, G. (2016). Cosificación sexual: nuevas formas de violencia contra la mujer (Tesis Doctoral). Universidad de Granada, España. Disponible en:  http://digibug.ugr.es/bitstream/handle/10481/44017/26127337.pdf?sequence=6&isAllowed=y

AGENDA SETTING: ¿Influyen los medios de comunicación en los roles que desempeñamos?

La influencia que tienen los medios de comunicación en la prioridad que damos a los temas sociales y a nuestras decisiones del día a día, e incluso en nuestro futuro, se aborda desde la llamada teoría de la agenda setting de Maxwell McCombs y Donald L. Shaw, (1972).

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El establecimiento de la ”agenda” se da, la mayoría de las veces, por interconexiones fortuitas al querer obtener información relevante de la sociedad, desde los medios de comunicación. Así el efecto se produce al difundir los medios los aspectos más destacables del entorno y darle un significado concreto, lo que finalmente moldeará nuestras propias imágenes mentales del mundo, ya que no podemos obtener siempre la información desde una experiencia directa (McCombs & Evatt, 1995). Esta tematización o establecimiento de la agenda aborda la capacidad de los medios en dirigir la atención de lxs espectadorxs hacia temas sociales concretos para incluirlos en sus conocimientos, y obviar o disminuir la atención de otros temas que pueden ser también relevantes.

Esto además va a depender de la duración de la exposición al tema y la forma del contenido hace que se mantenga más o menos la atención y la preocupación, influenciando en la percepción de que sea más o menos probable que suceda un acontecimiento. Esto se dio en un estudio, donde tras presentar durante meses distinta variedad de noticias, la inseguridad de la muestra de espectadores aumentaba en cuanto a la probabilidad de que pase un suceso delictivo, ya que, aunque un mes hubiese menos delitos, si se muestra una noticia delictiva más dramática, se da con mayor frecuencia en los medios y con más detalles van a hacer que lo recuerden y juzguen la situación más insegura por tener mayor facilidad en la recuperación mental (D’Adamo & García, 2003).

Downs en 1972, identificó en el proceso de la agenda setting, una serie de etapas que influyen en el proceso de atención que mostramos ante una noticia o suceso, dándose el “ciclo de atención hacia un problema”, que se produce por la actitud que tenemos cuando aparece o desaparece una problemática: pre-problema, descubrimiento alarmado y entusiasmo eufórico, advertencia de los costos del progreso, declive gradual del interés y post-problema. Esto sucede con cualquier tema, ya que se va teniendo un comportamiento distinto en dicho proceso, coincidiendo una mayor respuesta pública en el momento en el que se comunica a través de los medios de difusión (Eaton, 1989). 

La influencia de los medios de comunicación, se puede observar más claramente en el ámbito político. Ya no solo se centra en el primer nivel de la agenda setting, que es la prominencia de un tema concreto, sino que se produce el segundo nivel, donde se eligen ciertas características y detalles de dicho tema. Esta priorización en la difusión electoral de lxs candidatxs, se pudo observar en la cobertura que se dio 1994 con el expresidente Clinton, el cual cambió su discurso a última hora para enfatizar propuestas contra la criminalidad.  En dicho discurso, hablaba sobre cómo había crecido la criminalidad, por lo que la preocupación pública aumentó abismalmente, aun cuando este crecimiento en las estadísticas reales no era verdad, dándole más importancia a esta difusión que a la propia experiencia (McCombs & Evatt, 1995).

Por otro lado, lo primordial cuando se muestra la información en los medios de comunicación, es coger lo más llamativo para captar la atención de la sociedad, lo que va a acarrear que se supriman detalles u otros temas que se salen de la norma o de la tradición. Por ejemplo, nos encontramos con programas y publicidad donde se transmiten imágenes estereotipadas de género, ya sea por los papeles que toman lxs periodistas según el tema a comentar, por el papel de presentador-azafata, por las características que se dan a los personajes en las series de televisión. 

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Desde esta perspectiva, la sociedad va a adquirir imágenes mentales desde el estereotipo de género que va a influir en cómo nos comportamos con la gente que nos rodea, desde la comunicación hasta el tipo pensamiento que se tiene ante un tema (Beaudoux, 2014).

Es cierto que en este proceso de adquisición, va a influir la experiencia personal y las necesidades de cada individuo, pero los medios de comunicación siguen teniendo poder en las creencias de la gente. Esto se encuentra en cómo se producen las decisiones sobre qué profesiones desempeñar y hobbies practicar. Por ejemplo, si las mujeres ven menos variedad de género en deportes o en política, va a dar como resultado un menor interés en este ámbito. Aquí, se le da gran importancia a dos dimensiones, a la prominencia que se le da a un tema, y a la incertidumbre que te produce para seguir profundizando en el tema.

Cómo influyen los temas que se abordan en los medios de comunicación ha sido una de las grandes incertidumbres de los últimos años, por ello se creó en la Universidad de Pennsylvania el Proyecto de Indicadores Culturales, donde se observó que hay tres varones protagonistas por cada mujer cuando se está en máxima audiencia. Además, las mujeres suelen desempeñar un rol más convencional, encasillándolas por su vida privada y por rasgos de personalidad estereotipados, como es el atractivo, la ternura y la pasividad (Beaudoux, 2014). Esto hace modular las preferencias de la gente, ya que se encontró que tanto mujeres como hombres, más del 80%, cuando se trata de una profesión ligada a la función tradicional masculina, prefieren que la realice un hombre.

En cuanto a la información deportiva que establece la agenda setting, las noticias enfatizan temas relativos al deporte masculino, tanto en mayor número de noticias (95.5%) y tiempo de comunicación (98.3%), como en la posición principal del informativo.

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Esto hace que se produzca una infrarrepresentación de la mujer en el deporte y se extrapole a la sociedad como una realidad, creando profesiones y hobbies de género. Sin embargo, esto no es así, ya que tanto hombres como mujeres están preparados para desarrollarse en cualquier ámbito, aunque no se considere el más “adecuado” según su sexo por la sociedad más conservadora (Ortega y San Miguel, 2016). Además, a todo esto se le suma quién da la información, ya que generalmente son hombres quienes difunden en los medios los temas relacionados con el deporte, los crímenes o la política, dejando a las mujeres noticias más de interés humano, cultura o consumo (Núñez, 2005). 

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Como contribución al cambio social y a la eliminación del estereotipo tradicional, sería adecuado abordar desde la perspectiva del reencuadre (Beaudoux, 2014). Esto es, comunicar y concienciar a la gente sobre cuán injustas, y alejadas de la realidad, son las noticias que se dan en los medios de comunicación y así, poder modificar la interpretación de los sucesos, cambiando a su vez el significado que lxs espectadorxs les van a dar. Aunque sería esencial abordar de forma directa en los medios de comunicación, creando modelos saludables como es la introducción de referentes femeninos para que las mujeres se puedan sentir identificadas. Así, se fomentará la igualdad entre el hombre y la mujer, y no solo en el deporte, sino también en la política, en las funciones directivas, entre otras, resultando un cambio en la sociedad. 

Para mayor profundidad en este ámbito, a continuación dejo un capítulo de #aCienciaCerca del canal de la Universidad de Granada, donde se muestran las diferencias encontradas en el mundo del deporte entre mujeres y hombres por la creación de roles, incluyendo un video de la charla producida por María José Girela, investigadora del departamento de Didáctica de la Expresión Corporal de la Universidad de Granada

 

Rosa María Ruiz Romero


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BIBLIOGRAFÍA

Beaudoux, V. G. (2014). Influencia de la televisión en la creación de estereotipos de género y en la percepción social del liderazgo femenino. La importancia de la táctica de reencuadre para el cambio social. Ciencia Política, 9(18), 20.

D’Adamo, O. J., Beaudoux, V. G., & Freidenberg, F. (2000). Medios de comunicación, efectos políticos y opinión pública: una imagen, vale más que mil palabras?. Editorial de Belgrano.

D’Adamo, O. J., & García, V. (2003). ¿Distorsiona la prensa la percepción social que la opinión pública construye acerca del delito, la violencia y la inseguridad?. Revista de Psicología Social18(1), 3-15.

Girela, M. J. (2017, 27 de Enero). #aCienciaCerca: “Género y deporte: desigualdades invisibles y necesidades de cambio”. Recuperado de: https://canal.ugr.es/noticia/video-acienciacerca-genero-deporte-desigualdades-invisibles-necesidades-cambio/

McCombs, M. (1996). Influencia de las noticias sobre nuestras imágenes del mundo. Los efectos de los medios de comunicación: investigaciones y teorías. Barcelona: Paidós.

McCombs, M., & Evatt, D. (1995). Los temas y los aspectos: explorando una nueva dimensión de la agenda setting.

Núñez Puente, S. (2005). Género y televisión. Estereotipos y mecanismos de poder en el medio televisivo.Universidad de Huelva.

LA ESCUELA COMO LUGAR SEGURO PARA TODXS: COMBATIENDO LOS PREJUICIOS SOBRE MIGRACIÓN DESDE UN ENFOQUE MULTICULTURAL

La escuela debería ser un lugar en el que todas y todos se puedan sentir aceptadxs incondicionalmente para, desde ahí, aprender. Esto implica el no sentirse juzgadx en ella, construyéndose el aprendizaje sobre una base de respeto que frecuentemente es difícil de alcanzar, tanto por parte de los profesores y profesoras como del resto de compañeras y compañeros.

Para un/a niño o niña migrante, sentirse aceptadx en la escuela tiene mayor importancia si cabe, ya que necesita hacer de ésta su lugar seguro cuando tal vez sus circunstancias le hagan sentir que el mundo no lo es. Sin embargo, un compañero de escuela que nunca falta a clase se lo va a poner difícil: el prejuicio. Éste nos coloca en una situación opuesta a la valoración positiva de la diferencia como forma de aprendizaje, ya que nos distancia de ella.

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Desde el punto de vista teórico, el Modelo Ampliado de Aculturación Relativa (MAAR; Navas et al., 2005) permite disponer de un marco sobre la aculturación –proceso que implica la adaptación de un grupo a la cultura de otro– adaptado a nuestro contexto social. El modelo tiene en cuenta las actitudes de aculturación de inmigrantes y autóctonos sobre qué opción de aculturación prefieren, distinguiendo además entre la estrategia preferida y la puesta en práctica. Sigue la clasificación del Modelo de Aculturación de Berry (1990), distinguiendo cuatro actitudes de aculturación en función de las preferencias mantener cultura e identidad propias/tener contacto con la sociedad de acogida. La siguiente tabla recoge estas actitudes:

Actitud Mantener identidad cultural propia Contactar con la sociedad de acogida
Integración
Asimilación No
Separación/segregación No
Marginación/exclusión No No

De este modo, hablaríamos de integración cuando existe deseo de mantener la identidad cultural de la minoría y apertura a la relación con la mayoría o asimilación cuando hay deseo de abandonar la identidad de la minoría y adquirir la de la mayoría. Cuando se desea mantener la identidad minoritaria sin relacionarse con la sociedad de acogida, se hablaría de separación si es voluntad de la minoría y segregación si es voluntad de la mayoría. Finalmente, hablaríamos de marginación cuando la minoría pierde el contacto cultural con la sociedad de origen y de acogida, o exclusión si esto viene impuesto por la mayoría, eliminando la posibilidad a la minoría tanto de mantener sus raíces como de introducirse en la nueva sociedad.

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Cabe destacar que, aunque el modelo descrito habla de integración como la estrategia más adecuada, hoy día podemos ser más ambiciosas y hablar de inclusión. La integración se sustenta en el principio de igualdad de oportunidades, pero hablar de inclusión es hablar de oportunidades equivalentes. Esto tiene un carácter más justo, democrático y humano, y es lo que debe garantizar un sistema educativo de calidad para que todo el alumnado obtenga el máximo dentro de sus posibilidades (López Melero, 2011).

El MAAR además distingue ocho ámbitos de aculturación, desde los más periféricos a la cultura o públicos (político, laboral, económico y de bienestar social) hasta los más centrales (ámbito familiar, religioso y de valores), pasando por ámbitos intermedios, como es el ámbito de las relaciones sociales. Según el modelo, es más sencillo encontrar actitudes de integración en ámbitos más periféricos, mientras que a medida que se asciende hacia lo central las actitudes serían más excluyentes. Aunque la educación pertenece al ámbito del bienestar, cabe destacar la importancia del ámbito de las relaciones sociales en el día a día de la escuela, escalando posiciones en la posibilidad de encontrar esas actitudes excluyentes. Por otra parte, desde este modelo se ha analizado el papel del prejuicio en las diferentes estrategias. Así, se ha mostrado que, tanto para autóctonos como para migrantes, las puntuaciones más bajas en prejuicio hacia el exogrupo las obtienen quienes prefieren la integración, mientras que las más altas proceden de quienes prefieren la exclusión/marginación (Navas et al., 2006).

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Algunas actuaciones tradicionales para combatir el prejuicio se han basado en la hipótesis del contacto intergrupal (Allport, 1954), una aproximación que defiende la interacción con miembros del exogrupo como forma de reducir el prejuicio siempre y cuando se den unas condiciones: apoyo institucional, igualdad de status, cooperación intergrupal y objetivos comunes (para conocer en más detalle la hipótesis del contacto, os recomiendo leer la entrada al respecto que podéis encontrar en el siguiente link: colocar link a la entrada de Verónica). Sería una forma de crear lazos y forjar vínculos de amistad con miembros del exogrupo que puede ser de utilidad en las aulas, pero en muchas ocasiones tiene un carácter individual. Es decir, el hecho de que “mi amigo Achraf sea musulmán”, puede cambiar únicamente las ideas sobre Achraf a nivel individual pero no las ideas sobre su grupo –los musulmanes–, e incluso puede hacer que Achraf reduzca su percepción de desigualdad dejando de lado la lucha grupal para combatirla. Es por ello que deben utilizarse enfoques que vayan un paso más allá, como son los enfoques multiculturales. Desde la ideología multicultural, las diferencias grupales deben reconocerse y valorarse como una fuente de identidad y cultura (Plaut, 2010). Así, el mantenimiento de las identidades se entiende como enriquecedor, tanto para las minorías como para la sociedad en su conjunto, algo vinculado a la idea tradicional de integración en la que se mantienen y respetan las diferencias.

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La investigación sobre multiculturalismo muestra que éste correlaciona con evaluaciones más positivas de las minorías (Plaut, Thomas & Goren, 2009). Esta perspectiva, además, impacta sobre la forma de abordar la discriminación, haciendo a las personas más sensibles ante ella en la detección y actuación –por ejemplo, comparándola con la perspectiva colorblind, en la que no se reconoce la desigualdad y “teóricamente” todxs son tratadxs de la misma forma (Apfelbaum, Pauker, Sommers y Ambady, 2010). El multiculturalismo permite la convivencia entre la tendencia humana a categorizar y las actitudes intergrupales positivas (Wolsko, Park, Judd & Wittenbrink, 2000).  Además, en el ámbito educativo se ha mostrado que la diversidad étnica unida a su valoración positiva predice resultados académicos y democráticos positivos (Gurin, Dey, Hurtado & Gurin, 2002).

En definitiva, el multiculturalismo es como pensar que el grupo es similar a una caja de herramientas, siendo más rica cuanta más variedad haya en ella. Si todos somos alicates, ¿quién va a colgar un cuadro en su casa? Pues esta simple metáfora representa cómo a medida que el grupo sea diverso, ganará valor.

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Pero, ¿cómo hacer de la escuela ese lugar de admiración de la diferencia? Pues no cabe duda de que lxs profesoras y profesores deben tener un papel activo en tan importante función, siendo transmisores de estas ideas en el día a día del aula. Además de las actitudes que favorezcan en clase, no podemos olvidar como sus propias actitudes juegan a favor o en contra del rendimiento de lxs alumnxs. Este fenómeno es explicado por el Efecto Pigmalión o Profecía Autocumplida (Rosenthal & Jacobson, 1968), que defiende que cuando etiquetamos a alguien de una determinada manera estamos haciendo que sea más probable que esa persona se comporte conforme a dicha etiqueta, ya que nuestro comportamiento y acciones harán más probable que ese suceso ocurra (para más información podéis consultar la entrada sobre las profecías en la educación en https://prediversandoblog.wordpress.com/2017/02/26/las-profecias-en-educacion/ ).

En definitiva, se trata de trabajar en pro de una sociedad mejor –y por tanto diversa– desde la educación, basándonos en un enfoque multicultural para combatir los prejuicios hacia las minorías y acabar con la discriminación existente. Aunque esto suene a utopía, al menos nos muestra el camino para intentarlo.

Delia Gómez Ramos


BIBLIOGRAFÍA:

Allport, G. W. (1954). The nature of prejudice. Cambridge, MA: Addison-Wesley.

Apfelbaum, E. P., Pauker, K., Sommers, S. R.& Ambady, N. (2010). In blind pursuit of racial equality? Psychological Science, 21¸1587-1592.

Berry, J. W. (1990). Psychology of Acculturation. En J. Berman (Ed.), Cross-cultural perspectives: Nebraska symposium on motivation (pp. 457-488). Lincoln: University of Nebraska Press.

Gurin, P., Dey, E., Hurtado, S., & Gurin, G. (2002). Diversity and higher education: Theory and impact on educational outcomes. Harvard educational review, 72(3), 330-367.

López Melero, M. (2011). Barreras que impiden la escuela inclusiva y algunas estrategias para construir una escuela sin exclusión. Innovación Educativa, 21, 37-54.

Navas, M., García, M. C., Sánchez, J., Rojas, A. J., Pumares, P. & Fernández, J. S. (2005). Relative Acculturation Extended Model (RAEM): New contributions with regard to the study of acculturation. International Journal of Intercultural Relations, 29, 21-37.

GÉNEROS NO BINARIOS E INTERSEXUALIDAD: ¿SABEMOS DE QUÉ HABLAMOS?

La siguiente entrada trata de exponer y definir los diferentes géneros no binarios, profundizando en la intersexualidad y dando una visión completa de la problemática a la que se enfrentan estas personas. Daniel García López, profesor de la Universidad de Granada, nos ayuda a la comprensión del tema, en especial de las personas intersexuales.

¿Sabemos qué es el género? ¿Cuál es la diferencia entre género y sexo? ¿Es una construcción social? ¿Podemos elegir a que género queremos pertenecer? ¿Se les permite a las personas una elección libre? ¿Tiene esto consecuencias directas en las vidas de las personas? Estas y muchas otras preguntas me gustaría resolver a lo largo de la entrada. ¡Espero que os sea útil!

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Se tienen múltiples creencias alrededor del concepto del género las cuales pretendo poner en cuestión a lo largo de esta publicación. Por ejemplo empezando porque se parte de la existencia de dos géneros (hombre y mujer), se piensa que esta concepción es invariable, que los genitales son lo único que lo define, las excepciones a estos dos géneros no se toman en serio y, por último, que esta dicotomía es algo natural y la asignación de las personas a ella también lo es (Dess, Marecek y Bell, 2018).

Quiero empezar definiendo el término central en esta entrada: género. El género (2) está considerado a través de dos formas, mujer u hombre. Normalmente cuando a una persona se le asigna un género (3) se realiza a través de la observación externa de los genitales, así como se asumirá cuál será su rol de género y su orientaciónheterosexual. Todo esto respalda al sistema binario de mujer/hombre, el cual excluye cualquier otra concepción de género desde el punto de vista no binario. ¿Qué es el género no binario del que hablamos?.

Género no binario (1) es un término usado para referirse a los génerosconsiderados entre o más allá de los géneros hombre y mujer o de los géneros que incorporan a ambos.Se refiere a las identidades en las cuales las personas individuales se describen y posicionan a través de los roles sociales normativos, en ellos o en ninguno  (Dess, Marecek y Bell, 2018).

Entre los géneros no binarios se encuentran los que están en la siguiente tabla (Richards et al., 2016).

Intersexuales (4) Estado biológico intermedio entre hombre o  mujer.
Andróginos (6), género mixto o pangénero. Incorporan aspectos de mujer y de hombre.
Género fluido, bigénero (7) o pangénero. Se mueven entre ambos géneros.
Tercer género, otro género o pangénero. Se identifican a través de un género adicional.
Género no binario o genderqueer (8). Rompen con la dicotomía del género.
Agénero (9), género neutro, sin género o neutros. No se identifican a través del género.

Es importante también definir la identidad de género porque de esto dependerá la pertenencia o no de estas personas a uno u otro. La identidad de género (5) se expresa como el sentido inherente del propio género que posee la persona y como éstas se relacionan con ser una mujer, hombre, ambos o ninguno. Las personas cisgénero(10) se identifican con el sexo con el que fueron asignados al nacer mientras que personas transgénero (11) se identifican con un sexo diferente al asignado. Estas personas se pueden identificar relativamente dentro del género binario, en su transición de mujer a hombre o viceversa, mientras otras se identifican dentro de los géneros no binarios o agénero, diferenciándose en la identidad de género y la asignación de género.

Vamos a hablar a continuación del modelo biomédico, el cual clasifica los géneros en “normal” y “patológico” y por tanto tiene gran impacto en la vida de estas personas. Este modelo define lo normal como nacer como un hombre ocomo mujer (biológicamente hablando) y también en las manifestaciones externas de su género, así como su orientación sexual hacia el sexo opuesto (García, 2015).En el siguiente vídeo se habla de esta cuestión, de cómo el modelo biomédico ve a las personas intersexuales.

A partir de esto que acabamos de ver, me gustaría mostraros otros estudios que hablan también del modelo biomédico y muestran este tipo de prácticas. En el estudio de Kessler (1990) se demostró cómo la categorización de género tiene una relevancia social para las personas intersexuales. Kessler (1980) entrevistó a diferentes médicxs para saber cuáles eran las directrices de la política del hospital. Estas consistían en la realización de una cirugía en los genitales de lxsniñxs para que formaran parte del sistema binario de género. Se observó que la medicalización de las personas intersexuales provocó sentimientos de vergüenza y aislamiento debido a la asignación del género binario. De hecho es muy curioso cómo el término género empezó a usarse en Inglaterra  en la mitad de los años 50 para las prescripciones en el tratamiento de personas intersexuales por John Money y sus colaboradores(Dess, Marecek y Bell, 2018). John Money expresó que era necesario eliminar las características que se desviaran de la norma a través de la cirugía, asignando un sexo para lxs que se consideraban ambiguxs (García, 2015). En el siguiente vídeo se puede ver bajo qué criterios se asigna a una persona intersexual uno de los dos géneros binarios.

“El acceso a los cuidados sanitarios es un derecho humano fundamental que normalmente se niega a personas trans y no conformes” (Cayley, 2012).

Según John Money, las personas intersexuales son “anormales” y “defectuosas”. Las operaciones quirúrgicas y el procedimiento seguido en estos casos se justifican a través del término “urgencia psicosocial”. Se define así ya que según esto, si no se realiza una intervención, la personase enfrentará a una serie de problemas psicosociales en su desarrollo y su adaptación en la sociedad (García, 2015). En el siguiente vídeo se expone este término y cómo repercute en las decisiones que se toman con respecto a las personas intersexuales.

 

Es muy importante analizar cuál es el impacto que estas operaciones e intervenciones pueden tener sobre estas personas. Por ejemplo el impacto que puede tener la construcción de neovaginas  y el mantenimiento de las mismas a través de a dilatación periódica, asumiendo relaciones coitocéntricas y heterosexuales (García, 2015). En este vídeo se habla del impacto que estas situaciones provocan.

Muchas de las personas que se consideran no binarias tienen que utilizar el género asignado al nacer para su día a día ya que muchos sistemas, como vemos empezando por el sanitario, solo reconocen géneros binarios. Sin embargo, esto está cambiando poco a poco. Por ejemplo en los pasaportes de Nueva Zelanda se ha incluido la categoría “otro” además de hombre y mujer (Richards et al., 2016). En el DSM-V además se ha excluido el trastorno de identidad de género incluyendo la disforia de género (12) (APA, 2013).

Aunque se estén tomando medidas hacia la integración de estas personas, los casos de discriminación y agresión se siguen dando y han aumentando últimamente. Esta tendencia a la discriminación de estos colectivos se debe a los sesgos que la población tiene sobre el género, sesgos sobre la identidad de género, la orientación sexual y el gran impacto de la violencia por odio contra el colectivo LGTBQ (Ahmed &Jindasurat, 2014). En esta otra entrada se habla de la transfobia y se pone de manifiesto esto de lo que estamos hablando: ¿Transfobia? Sólo son niñas/os. (añadir enlace) En Nueva York se llevaron a cabo una serie de estudios para comparar las situaciones de agresión a las que personas “no normativas” se enfrentan frente a las binarias y normativas. Los resultados mostraron que las personas trans sufren muchas más agresiones verbales y físicas que las personas cisgénero y con más probabilidad se exponen a trabajar en el mundo del sexo. Hay muchas más personas transgénero desempleadas que cisgénero, así como son acosadas en mayor medida. Los hombres trans tienen más probabilidad de sentirse discriminados que mujeres trans y personas no binarias. Las mujeres trans con más probabilidad recibirán acoso que los hombres. Las personas que se identifican como no conformes con el género o agénero experimentan alto riesgo de acoso, asalto sexual de la policía que personas binarias, debido a no poder cumplir las expectativas de roles de género binarios. Las personas trans no blancas tienen más probabilidad que las blancas de ser personas sin hogar, vivir en la pobreza o ser víctimas de acoso y de imposiciones legales. De todos los homicidios clasificados en homicidios por odio en el 2013, el 72% fueron mujeres trans, en su mayoría mujeres no blancas (Pulice-Farrow, Clements y Galupo, 2017).

Puede parecer que todos estos casos de los que estamos hablando son casos aislados o que no es algo tan extendido en la población. En este apartado me gustaría mostraros una serie de datos numéricos ya que puede ayudar a que os hagáis una idea de cuantas personas se encuentran en estas circunstancias. Según American PsychologyAssociation en 2006 se estimó que 1 de cada 1500 nacimientos era de una persona intersexual, dejando fuera anormalidades, genitales ambiguos, y anormalidades en cromosomas sexuales u hormonas relativas al sexo (Cayley, 2012).En cuanto a porcentajes existen diferentes estudios que recogen esta información. Uno de ellos estudió a 2225 personas israelíes y encontró que el 35% se sentía perteneciente a otro género, a ambos o a ninguno (Joel et el., 2013). En otro estudio en Bélgica con 2472 personas flamencas examinaron la prevalencia de la ambivalencia de género (identificarse de igual manera con el otro género que con el asignado al nacer) y de incongruencia de género (identificarse fuertemente con el otro sexo más que con el sexo asignado al nacer). Se encontró una prevalencia del 1.8% de ambos en hombres y del 4.1% en mujeres. (Richards et al., 2016). En concreto hablando de la población intersexual no se tiene claro el número de personas intersexuales. Existe bibliografía que habla de 1/60000, 1/20000, 1/12500 y otras de 2/1000. El número de personas mutiladas al nacer oscila entre 1-2/1000 nacimientos. Según otros recuentos el 10% de los nacidos están sometidos a cirugía neonatal (García, 2015).

A continuación adjunto una entrevista a una persona intersexual que cuenta su experiencia:

 

Aunque en nuestra sociedad la visión de género esté limitada a la dicotomía y cualquier postura diferente a esto adquiera una gran estigmatización esto no siempre ha sido así y en otras culturas se puede observar cómo la diversidad de género está presente. Por ejemplo en Polinesia los hombres nativos adoptan características de las mujeres, así como pueden adquirir un rol de género y luego, a lo largo de su vida, desprenderse de él. De esta forma crean un sistema de género mucho más fluido. En la cultura hindú hay un texto llamado “TheRigveda” en el que sugiere que antes de la creación del mundo no existían distinciones de género y sexo, incluso hay pinturas de personas andróginas (como se ve en la imagen). Históricamente en la cultura filipina la anatomía y la orientación sexual tenían muy poco impacto en la identidad y posición social. Por ejemplo la personas llamadas “babaylan”,que eran mujeres transgénero (11), se les atribuían poderes curativos y eran consideradas  como personajes sagrados (Cayley, 2012).

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Espero que con toda la información expuesta anteriormente hayáis podido adquirir una visión integral del tema. Por último Daniel comparte con nosotrxs las presentes y futuras líneas de evolución en cuanto a la problemática intersexual.

Para concluir me gustaría decir que lo que pretendía transmitir con esta entrada es que estas personas son muchas, que necesitan visibilización y despatologización y espero, que el hecho de tomar consciencia de esta problemática, nos lleve a poder actuar frente a ello, movilizándonos hacia el cambio. Podéis encontrar en el blog la siguiente entrada que os puede ayudar cuestionaros sobre cuáles son los prejuicios que tenéis y como gestionarlos: ¿Cómo podemos reducir el prejuicio hacia otras personas?(añadir enlace).

BIBLIOGRAFIA

Ahmed, O., &Jindasurat, C. (2014). Lesbian, gay, bisexual, transgender, queer, and HIV- affected hate violence in 2013.

American Psychological Association. (2015). APA dictionary of psychology (2nd ed.). Washington, DC: Author.

American Psychological Association. (2015). Guidelines for Psychological Practice with Transgender and Gender Nonconforming People. American Psychologist, 70(9), 832-864. doi.org/10.1037/a0039906.

American Psychological Association & National Association of School Psychologists. (2015). Resolution on gender and sexual orientation diversity in children and adolescents in schools. Retrieved from http://www.apa.org/about/policy/orientation-diversity.aspx

Cayley, M. (2016). XWHY? stories of non-binary gender identities (Doctoral dissertation, University of British Columbia).

Dess, N. K., Marecek, J., & Bell, L. C. (Eds.). (2018). Gender, Sex, and Sexualities: Psychological Perspectives. Oxford UniversityPress.

López, D. J. G. (2015). La intersexualidad en el discurso médico-jurídico. EUNOMÍA. Revista en Cultura de la Legalidad, 54-70.

Pulice-Farrow, L., Clements, Z. A., &Galupo, M. P. (2017). Patterns of transgender microaggressions in friendship: The role of gender identity. Psychology&Sexuality8(3), 189-207.

Richards, C., Bouman, W. P., Seal, L., Barker, M. J., Nieder, T. O., &T’Sjoen, G. (2016).Non-binaryorgenderqueergenders. International Review of Psychiatry28(1), 95-102.

Van Anders, S. M. (2015). Beyond sexual orientation: Integrating gender/sex and diverse sexualities via sexual configurations theory. Archives of Sexual Behavior44(5), 1177-1213.

“El feminismo será antirracista o no será”

El 8 de marzo de 2018 millones de mujeres se unieron a la huelga feminista y se concentraron en muchas ciudades españolas en una reivindicación por los derechos de las mujeres sin precedentes. Sin embargo, cabe destacar que no todas las organizaciones feministas se sumaron a la huelga. Es el caso de Afroféminas, quienes unos días antes del 8M anunciaron en un comunicado las razones de su no adherencia a la huelga feminista. Afroféminas, tal como se definen en su página web, es una comunidad en línea para las mujeres afrodescendientes/negras que promueve un diálogo sincero y constructivo sobre la complejidad, circunstancias y vida de la mujer negra a través de la opinión, el periodismo, la literatura y la poesía. Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué está haciendo mal el feminismo español para que una organización feminista no se sienta representada?

Tal como expresan en su comunicado, “la invisibilización de las mujeres racializadas en este movimiento es prácticamente absoluta. Los medios apenas se hacen eco de las posturas de nuestras líderes, e incentivan un feminismo mainstream expresamente blanco”  y añaden “desgraciadamente la interseccionalidad sigue siendo una palabra que el feminismo hegemónico vacía de contenido cuando la tiene que poner en práctica”. Pero, ¿qué es esto de la interseccionalidad?

Feminismo, interseccionalidad y mujeres racializadas

En este video Kimberle Williams Crenshaw, activista y académica, nos explica de manera clara el significado del término interseccionalidad. Fue ella misma quien acuñó este término en 1989, argumentando que las mujeres negras eran excluidas tanto por las teorías feministas como por las políticas antirracistas. Esto se debía a que tanto unas como otras solo tenían en cuenta uno de los aspectos, sin reflejar la interacción entre la raza y el género. Es decir, las políticas feministas se centraban en proteger a las mujeres blancas y las antirracistas en proteger a los hombres negros, por tanto no había protección alguna para las mujeres negras. En consecuencia, la autora afirma que la experiencia de intersección es mayor que la suma de racismo y sexismo por separado, por lo que se hace necesario tener en cuenta la multidimensionalidad de las experiencias de las mujeres racializadas.

Asimismo Warner y Shields (2013) exponen que las identidades sociales no pueden estudiarse de manera independiente, y tampoco separadas de los procesos que mantienen la desigualdad. Según Cole (2009), el concepto de interseccionalidad fue desarrollado con la finalidad de describir aquellos enfoques que tienen en cuenta, simultáneamente, el significado y las consecuencias de las múltiples categorías de grupos sociales a las que pertenecemos las personas. En este artículo nos centraremos en la interseccionalidad entre género y raza, pero es importante destacar que ésta también se puede dar con otras categorías como la clase social, diversidad funcional o diversidad sexual, igual de importantes que las dos primeras.

El concepto de mujeres racializadas es ampliamente utilizado por las activistas y feministas de la actualidad. Según Andy Philipps en su publicación, “los cuerpos racializados son los de aquellos o aquellas que han sido definidos a través de categorías como “negro”, “latino”, “chino”, “indio”, etc. cuya categorización viene, sobre todo, dada por el color de la piel o ciertos rasgos del fenotipo. Un cuerpo racializado (usualmente por blancos) es una experiencia, vivida usualmente por no-blancos.” Por tanto, el concepto de mujer racializada incluiría a las mujeres negras así como a todas las mujeres no-blancas.

Prejuicios y discriminación hacia las mujeres racializadas

Afroféminas explica: “las mujeres racializadas sufrimos una doble o triple discriminación, y que en muchísimas ocasiones, esas discriminaciones también vienen de las propias mujeres blancas”. La autora Bell Hooks (2000) en su libro Feminism is for everybody expresa que la verdadera hermandad entre mujeres blancas y mujeres de color se dará cuando las primeras se desprendan de la supremacía blanca y cuando el movimiento feminista sea fundamentalmente antirracista.

Como mujer blanca no voy a ser yo quien explique qué tipos de prejuicios y discriminaciones sufren las mujeres racializadas en España, de la misma manera que si fuese hombre no pretendería explicar la discriminación que sufren las mujeres. Sin embargo, puesto que creo que es necesario repensarnos y deconstruirnos como feministas blancas con el objetivo de conseguir esa hermandad de la que habla Hooks, voy a intentar exponerlo a través de experiencias y opiniones que diversas mujeres racializadas han explicado en entrevistas, publicaciones y vídeos.

Desirée Bela comenta en este vídeo cómo todavía existen muchos prejuicios sobre las personas africanas y afrodescendientes. Ella se define a sí misma como comunicadora, activista estética y afrofeminista. Es columnista en el diario Público, tiene un blog propio, un canal de Youtube y ha escrito el libro Ser mujer negra en España. Sobre el activismo estético, Bela expresa en una entrevista la necesidad de sobreponerse a prácticas estéticas tan violentas como el blanqueamiento de piel o el alisamiento del cabello afro. “Llevar el pelo afro natural también es resistencia. No solo se colonizaron territorios: (…) también se colonizaron cuerpos, estableciendo estándares de belleza blancos occidentales que teníamos que cumplir para ser aceptadas. Y nos lo creímos, porque nos los grabaron a latigazos”.

Si las mujeres tenemos de por sí una gran presión debido a los cánones de belleza establecidos, siendo mujeres negras la presión se multiplica. “La vía del activismo estético es una forma de desaprender muchas cosas, de descolonizar conceptos que, como personas negras que nos hemos criado en entornos blancos, hemos dado por sentados sobre la negritud”, afirma Desirée, y sigue “Para muchas personas, el pelo es una puerta de entrada para replantearse cosas en torno a su imagen, su identidad o su propia historia”.

Rita Bosaho es la primera mujer negra diputada en la historia de la democracia española, sin embargo a penas aparece en los medios de comunicación. En una entrevista explica como “La comunidad africana y afrodescendiente a la que pertenezco, sólo aparece en los medios de comunicación ligada a la migración, la exotización o al folclore”.

Un claro y explícito ejemplo de la exotización de la mujer negra lo encontramos en este anuncio de vaqueros de Desigual. Sin ir más allá, la famosa marca de ropa elige a tres bailarinas negras para vender un producto definido como exótico, tal como critica Bela.

Tanto Bela como Bosaho coinciden en la discriminación por parte de los medios de comunicación y la falta de mujeres racializadas referentes en la sociedad española. Como diputada, Bosaho comenta el poder de lo simbólico, la importancia de “ser una referente para los niños no blancos y las niñas no blancas, nacidos o criados en este país, que tienen una falta absoluta de referencias positivas tanto en los medios de comunicación como en los currículum educativos”.

Dasgupta (2011) también comenta la gran importancia de las y los referentes en su Modelo de Inoculación de los Estereotipos. En éste expone que para las personas que forman parte de minorías negativamente estereotipadas, como son las mujeres racializadas en España, ver personas exitosas de su mismo grupo en diferentes contextos desafía estos estereotipos, mejorando así su propia percepción y motivación para el éxito. La autora propone que las referentes actuarían como “vacunas sociales” que previenen a las personas de contaminarse con dudas sobre sí mismas, especialmente en períodos clave como los primeros años académicos y de desarrollo profesional.

La lista de ejemplos de prejuicios y discriminaciones hacia las mujeres racializadas podría extenderse y extenderse, podríamos hablar de casos como la apropiación cultural, el “purple washing” , el “blackpassing” o la fragilidad blanca. Todos estos casos revelan la necesidad urgente de reflexionar sobre la situación de las mujeres racializadas en España y, en consecuencia, la necesidad de repensar el feminismo predominantemente blanco actual con tal de que todas y cada una de las mujeres puedan sentirse representadas. El feminismo debería abrazar la diversidad en todas sus formas y hacer que las luchas de cada mujer sean las luchas de todas, siempre teniendo en cuenta el punto de vista de la interseccionalidad.

Hooks (2000) expone: “Durante años fui testigo de la renuncia de las pensadoras feministas blancas a reconocer la importancia de la raza (…). Y fui testigo de la revolución en la conciencia que ocurrió cuando las mujeres individuales comenzaron a liberarse de la negación, a liberarse del pensamiento de la supremacía blanca. Estos cambios asombrosos restauran mi fe en el movimiento feminista y fortalecen la solidaridad que siento hacia todas las mujeres” (p. 58).

Así pues, remontándome al inicio, ¿se unirá Afroféminas a este próximo 8M? ¿Cambiará la visión blanca hegemónica del feminismo abriendo espacio a todo tipo de feminismos?

Angela Davis, una de las grandes referentes de este tema, tiene una idea bien clara:

“El feminismo será antirracista o no será”

 

Autora: Maria Añó Perelló

 

 

Bibliografía

Cole, E. R. (2009). Intersectionality and research in psychology. American psychologist, 64(3), 170.

Crenshaw, K. (1989). Demarginalizing the intersection of race and sex: A black feminist critique of antidiscrimination doctrine, feminist theory and antiracist politics. University of Chicago Legal Forum, 139.

Dasgupta, N. (2011). Ingroup experts and peers as social vaccines who inoculate the self-concept: The stereotype inoculation model. Psychological Inquiry, 22(4), 231-246.

Hooks, B. (2000). Feminism is for everybody: Passionate politics. Pluto Press.

Warner, L. R., y Shields, S. A. (2013). The intersections of sexuality, gender, and race: Identity research at the crossroads. Sex roles, 68(11-12), 803-810.

EL SESGO DE EXISTENCIA: SOBRE INMOVILISMO SOCIAL (Y OTRAS DROGAS).

“Nos mandan gente con muchos problemas, y traen esos problemas con ellos. Traen drogas, crimen, son violadores… y supongo que algunos son buenas personas (…) Vienen de Méjico y otros países de América Latina. Probablemente, también de Oriente Medio (…) Esto tiene que parar. Y tiene que parar ya (…). Una nación sin fronteras no es una nación”. Donald Trump (2016).

 

No es noticia que discursos como éste llevaron a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Haciendo un ejercicio de análisis, se podrían identificar una serie de mecanismos cognitivos en los que podría sustentarse su discurso, entre los que destaca el sesgo de existencia, término que definiremos a continuación.

DEFINIENDO EL SESGO DE EXISTENCIA

Aunque este fenómeno ya fue identificado por Hume hace dos siglos,  la psicología científica empezó a investigarlo hace unos años (McKelvie, 2013). El sesgo de existencia consiste en la tendencia a pensar que lo existente es bueno y deseable; es decir, se trata de identificar “lo que es” con “lo correcto”, “lo que debería ser” (Eidelman, Pattershal y Crandall, 2009). Este sesgo, derivado de una evaluación heurística (partimos de la base de que lo que existe es bueno), podría extrapolarse a distintos ámbitos. Se podría definir —al igual que los otros heurísticos— como un atajo mental para tomas decisiones de forma más rápida.

Por ejemplo, asumimos que el trato que reciben los animales en la industria alimentaria es justificable, en la medida en que garantiza la producción necesaria de carne para satisfacer a toda la población. De hecho, pocas veces nos paramos a reflexionar sobre este tema. Es decir, si las cosas se hacen así, será porque así tiene que ser… ¿no? Hablaríamos, por tanto, de una tendencia a mantener las cosas como están, sin cuestionarse la moralidad o el beneficio inherente en ellas (McKelvie, 2013).

Existen, sin embargo, una serie de fenómenos que, aunque parecidos, no deben ser confundidos con el sesgo de existencia.  Así, el sesgo de estatus quo se refiere a la tendencia  “a no hacer nada, o mantener la postura adoptada previamente”, a la hora de tomar decisiones, por los posibles costes que pueda tener cambiar de opinión (Samuelson y Zeckhauser, 1988). Este sesgo se podría ejemplificar con lo que ocurre en las elecciones españolas. A pesar de no estar conforme una buena parte de la sociedad española con ninguno de los partidos más importantes, existe la tendencia a seguir votándolos y a no cambiar el voto; esto podría deberse a que se asume que los costes de cambiar sean demasiado altos.

Tampoco debe confundirse el sesgo de existencia con la tendencia racionalizar las decisiones o experiencias, con el fin de hacerlas más agradables o reducir el sufrimiento derivado de ellas (Jost y Banaji, 1994). En este sentido, las personas tienden a justificar sus propias decisiones, devaluando las alternativas no elegidas (Brehm, 1956). El hecho de estar motivado para justificar decisiones o situaciones no implica que éstas sean buenas o deseables, diferencia principal entre este fenómeno y el sesgo de existencia (Eidelman et al., 2009).

JUSTIFICACIÓN DE LAS DIFERENCIAS ENTRE CLASES SOCIAL A TRAVÉS DEL SESGO DE EXISTENCIA

Si lo analizamos desde el sesgo de existencia, las clases sociales han existido prácticamente desde siempre: siempre ha habido gente pobre y gente rica, y esas barreras han permanecido prácticamente impermeables a lo largo del tiempo. Entonces, se podría pensar, “si siempre han existido, debe ser por algo”.

Desde este sesgo se justificarían una de las mayores desigualdades presentes en esta sociedad: la desigualdad de clases.

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Por lo tanto, si justificamos y defendemos este sistema que nos divide en clases, ¿por qué ha de extrañarnos que se vote a un hombre que quiere construir un muro que imposibilite la entrada a la parte más baja de esta injusta pirámide a un país que se encuentra en lo más alto? ¿Por qué ha de extrañarnos que en España se siga votando un bipartidismo que nunca favorece a la clase trabajadora? Si han existido estas tendencias desde siempre, ¿será por algo?

 

 

TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS, ¿NO?

Una de las formas de mantener el estatus quo es entendiendo que el acceso a ciertos beneficios propios del sistema gira en torno al mérito personal de cada uno (Jost, Pelham, Sheldon, y Sullivan, 2003). Así, para muchos la meritocracia defendería que los beneficios que obtienen las personas (por ejemplo, acceso a determinados puestos de trabajo, o diferencias en el sueldo) se deberían exclusivamente al esfuerzo que han dedicado a conseguirlo (Son Hing, Bobocel y García, 2011).

Esta no es sino otra forma más de justificar la desigualdad: la meritocracia.

Aunque existen algunos mecanismos motivacionales que podrían subyacer al apoyo de la meritocracia, el sesgo de existencia mantiene que muchas veces las personas pueden apoyar este tipo de creencias como un mero atajo cognitivo. Por tanto, por comodidad podría pensarse que si Donald Trump ha llegado a presidente de EEUU será porque se lo merece, al igual que el vagabundo merece pasar frío durmiendo en un banco. Igual no se ha esforzado lo suficiente.

Pero no todo son malas noticias. Un aspecto positivo con respecto al sesgo de existencia (y cualquier otro sesgo) es que no son inevitables. Es decir, las personas tenemos la capacidad de informarnos, identificarlos y llevar a cabo reflexiones críticas sobre ellos. Decía Sócrates que “el conocimiento nos hace libres”, y esta frase es perfectamente aplicable en lo que respecta a los sesgos cognitivos. Está en nosotrxs decidir cuáles queremos perpetuar… y cuáles no.

Autoras: Ana Peregrina & María Pasadas

BIBLIOGRAFÍA

Brehm, J. W. (1956). Post-decisional changes in the desirability of alternatives. Journal of Abnormal and Social Psychology, 52, 384–389.

Eidelman, S., Pattershall, J., y Crandall, C. (2009). The existence bias. Journal or Personality and Social Psychology, 97 (5), 765-775.

Jost, J. T., & Banaji, M. R. (1994). The role of stereotyping in systemjustification and the production of false consciousness. British Journal of Social Psychology, 33, 1–27.

Jost, J. & Hunyady, 0. (2005). Antecedents and Consequences of System-Justifying Ideologies. Current Directions of Psychological Science, 14, 5, 260-265.

Jost, J. T., Pelham, B. W., Sheldon, O., y Sullivan, B. (2003). Social inequality and the reduction of ideological dissonance on behalf of the system: Evidence of enhanced system justification among the disadvantaged. European Journal of Social Psychology, 33, 13–36. doi:10.1002/ejsp.127.

McKelvie, S. (2013). The existence bias: a systematic replication. Comprehensive Psychology, 2, 3, 1-12.

Samuelson, W., y Zeckhauser, R. (1988). Status quo bias in decisión making. Journal of Risk and Uncertainty, 1, 7–59.

Son HIng, L., Bobocel, R., y García, D. (2011). The merit of meritocracy. Journal of Personality and Social Psychology, 101 (3), 433-450.