EL SESGO DE EXISTENCIA: SOBRE INMOVILISMO SOCIAL (Y OTRAS DROGAS).

“Nos mandan gente con muchos problemas, y traen esos problemas con ellos. Traen drogas, crimen, son violadores… y supongo que algunos son buenas personas (…) Vienen de Méjico y otros países de América Latina. Probablemente, también de Oriente Medio (…) Esto tiene que parar. Y tiene que parar ya (…). Una nación sin fronteras no es una nación”. Donald Trump (2016).

 

No es noticia que discursos como éste llevaron a Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. Haciendo un ejercicio de análisis, se podrían identificar una serie de mecanismos cognitivos en los que podría sustentarse su discurso, entre los que destaca el sesgo de existencia, término que definiremos a continuación.

DEFINIENDO EL SESGO DE EXISTENCIA

Aunque este fenómeno ya fue identificado por Hume hace dos siglos,  la psicología científica empezó a investigarlo hace unos años (McKelvie, 2013). El sesgo de existencia consiste en la tendencia a pensar que lo existente es bueno y deseable; es decir, se trata de identificar “lo que es” con “lo correcto”, “lo que debería ser” (Eidelman, Pattershal y Crandall, 2009). Este sesgo, derivado de una evaluación heurística (partimos de la base de que lo que existe es bueno), podría extrapolarse a distintos ámbitos. Se podría definir —al igual que los otros heurísticos— como un atajo mental para tomas decisiones de forma más rápida.

Por ejemplo, asumimos que el trato que reciben los animales en la industria alimentaria es justificable, en la medida en que garantiza la producción necesaria de carne para satisfacer a toda la población. De hecho, pocas veces nos paramos a reflexionar sobre este tema. Es decir, si las cosas se hacen así, será porque así tiene que ser… ¿no? Hablaríamos, por tanto, de una tendencia a mantener las cosas como están, sin cuestionarse la moralidad o el beneficio inherente en ellas (McKelvie, 2013).

Existen, sin embargo, una serie de fenómenos que, aunque parecidos, no deben ser confundidos con el sesgo de existencia.  Así, el sesgo de estatus quo se refiere a la tendencia  “a no hacer nada, o mantener la postura adoptada previamente”, a la hora de tomar decisiones, por los posibles costes que pueda tener cambiar de opinión (Samuelson y Zeckhauser, 1988). Este sesgo se podría ejemplificar con lo que ocurre en las elecciones españolas. A pesar de no estar conforme una buena parte de la sociedad española con ninguno de los partidos más importantes, existe la tendencia a seguir votándolos y a no cambiar el voto; esto podría deberse a que se asume que los costes de cambiar sean demasiado altos.

Tampoco debe confundirse el sesgo de existencia con la tendencia racionalizar las decisiones o experiencias, con el fin de hacerlas más agradables o reducir el sufrimiento derivado de ellas (Jost y Banaji, 1994). En este sentido, las personas tienden a justificar sus propias decisiones, devaluando las alternativas no elegidas (Brehm, 1956). El hecho de estar motivado para justificar decisiones o situaciones no implica que éstas sean buenas o deseables, diferencia principal entre este fenómeno y el sesgo de existencia (Eidelman et al., 2009).

JUSTIFICACIÓN DE LAS DIFERENCIAS ENTRE CLASES SOCIAL A TRAVÉS DEL SESGO DE EXISTENCIA

Si lo analizamos desde el sesgo de existencia, las clases sociales han existido prácticamente desde siempre: siempre ha habido gente pobre y gente rica, y esas barreras han permanecido prácticamente impermeables a lo largo del tiempo. Entonces, se podría pensar, “si siempre han existido, debe ser por algo”.

Desde este sesgo se justificarían una de las mayores desigualdades presentes en esta sociedad: la desigualdad de clases.

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Por lo tanto, si justificamos y defendemos este sistema que nos divide en clases, ¿por qué ha de extrañarnos que se vote a un hombre que quiere construir un muro que imposibilite la entrada a la parte más baja de esta injusta pirámide a un país que se encuentra en lo más alto? ¿Por qué ha de extrañarnos que en España se siga votando un bipartidismo que nunca favorece a la clase trabajadora? Si han existido estas tendencias desde siempre, ¿será por algo?

 

 

TENEMOS LO QUE NOS MERECEMOS, ¿NO?

Una de las formas de mantener el estatus quo es entendiendo que el acceso a ciertos beneficios propios del sistema gira en torno al mérito personal de cada uno (Jost, Pelham, Sheldon, y Sullivan, 2003). Así, para muchos la meritocracia defendería que los beneficios que obtienen las personas (por ejemplo, acceso a determinados puestos de trabajo, o diferencias en el sueldo) se deberían exclusivamente al esfuerzo que han dedicado a conseguirlo (Son Hing, Bobocel y García, 2011).

Esta no es sino otra forma más de justificar la desigualdad: la meritocracia.

Aunque existen algunos mecanismos motivacionales que podrían subyacer al apoyo de la meritocracia, el sesgo de existencia mantiene que muchas veces las personas pueden apoyar este tipo de creencias como un mero atajo cognitivo. Por tanto, por comodidad podría pensarse que si Donald Trump ha llegado a presidente de EEUU será porque se lo merece, al igual que el vagabundo merece pasar frío durmiendo en un banco. Igual no se ha esforzado lo suficiente.

Pero no todo son malas noticias. Un aspecto positivo con respecto al sesgo de existencia (y cualquier otro sesgo) es que no son inevitables. Es decir, las personas tenemos la capacidad de informarnos, identificarlos y llevar a cabo reflexiones críticas sobre ellos. Decía Sócrates que “el conocimiento nos hace libres”, y esta frase es perfectamente aplicable en lo que respecta a los sesgos cognitivos. Está en nosotrxs decidir cuáles queremos perpetuar… y cuáles no.

Autoras: Ana Peregrina & María Pasadas

BIBLIOGRAFÍA

Brehm, J. W. (1956). Post-decisional changes in the desirability of alternatives. Journal of Abnormal and Social Psychology, 52, 384–389.

Eidelman, S., Pattershall, J., y Crandall, C. (2009). The existence bias. Journal or Personality and Social Psychology, 97 (5), 765-775.

Jost, J. T., & Banaji, M. R. (1994). The role of stereotyping in systemjustification and the production of false consciousness. British Journal of Social Psychology, 33, 1–27.

Jost, J. & Hunyady, 0. (2005). Antecedents and Consequences of System-Justifying Ideologies. Current Directions of Psychological Science, 14, 5, 260-265.

Jost, J. T., Pelham, B. W., Sheldon, O., y Sullivan, B. (2003). Social inequality and the reduction of ideological dissonance on behalf of the system: Evidence of enhanced system justification among the disadvantaged. European Journal of Social Psychology, 33, 13–36. doi:10.1002/ejsp.127.

McKelvie, S. (2013). The existence bias: a systematic replication. Comprehensive Psychology, 2, 3, 1-12.

Samuelson, W., y Zeckhauser, R. (1988). Status quo bias in decisión making. Journal of Risk and Uncertainty, 1, 7–59.

Son HIng, L., Bobocel, R., y García, D. (2011). The merit of meritocracy. Journal of Personality and Social Psychology, 101 (3), 433-450.

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