EL PREJUICIO: ORIGEN

A lo largo de la historia, los prejuicios han sido objeto de interés para la psicología social. En este post, queremos mostrar diferentes líneas de investigación acerca del origen del prejuicio y así comprenderlo en su totalidad.

Desde la antropología se considera que los desafíos ambientales presentes en nuestro pasado evolutivo propulsaron a los seres humanos ancestrales hacia la vida en grupos altamente interdependientes y cooperativos (por ejemplo, Leakey & Lewin, 1977). Esta “ultrasocialidad” (Campbell, 1982), “hipersocialidad” (Richerson & Boyd, 1995), o “interdependencia obligatoria”* (Brewer, 2001) probablemente evolucionó como un medio para maximizar el éxito individual: un individuo era presumiblemente capaz de ganar más recursos (por ejemplo, alimentos, agua, refugio, parejas) y alcanzar objetivos más importantes (por ejemplo, la crianza de las criaturas, la autoprotección) viviendo y trabajando con otras personas en el contexto de un grupo en comparación con vivir y trabajar en solitario. La vida en grupo interdependiente puede ser vista como una adaptación al medio -quizá la más importante (Barchas, 1986; Brewer & Caporael, 1990; Leakey, 1978). Esta unión en grupos supuso  la pérdida de la individualidad y pasar a ser miembro intercambiable de un grupo. Los orígenes de la teoría de la identidad social se encuentran en el trabajo llevado a cabo por Henry Tajfel en la década de los cincuenta en el área de la percepción categorial (Tajfel, 1957). Esta teoría propone que “por muy rica y compleja que sea la imagen que los individuos tienen de sí mismos en relación con el mundo físico y social que les rodea, algunos de los aspectos de esa idea son aportados por la pertenencia a ciertos grupos o categorías sociales” (Tajfel, 1981: 255). No obstante, la vida en sociedad conlleva ciertos riesgos para la harmonía social: si no se controlan tales amenazas, los costos de la sociabilización perderán rápidamente sus beneficios.

A día de hoy, los seres humanos nos organizamos en jerarquías grupales en las que existe un grupo hegemónico y al menos un grupo subordinado. Por lo tanto,  existe un contexto cultural, unas  ideologías culturales que explican y legitiman que los miembros de un grupo tengan más privilegios vitales sean mejores vistos que otros o tengan mayor aceptación del merecimiento de la situación social que ocupan. La teoría de la dominancia social mantiene que existen sistemas denominados factores psicológicos responsables del mantenimiento de esa jerarquía social. Los dos factores más importantes son la estructura político-social, la cual mantiene las discriminaciones basadas en la institución sistemática u otras prácticas sociales y la ideología,  la cual fomenta las creencias culturales como los mitos del origen, de los roles sociales o los estereotipos grupales (Pratto et al., 2000).

En este sentido, algunas investigaciones han analizado el proceso de formación de dichos estereotipos o mitos sociales y la influencia de la ideología en los mismos. Por ejemplo, estudios acerca de la correlación ilusoria*, siendo esta la tendencia a percibir la relación entre dos variables como más fuerte de lo que es en realidad, han demostrado que la ideología media en los procesos cognitivos básicos. En concreto, se encontró que aquellas personas que son conservadoras tienden a aprender mejor los estímulos y elementos negativos que los positivos (Carraro, Negri, Castelli, & Pastore, 2017).

De la mano de estos mecanismos de legitimación de la desigualdad encontramos el prejuicio, el cual ha sido reconocido desde hace tiempo por la psicología social. En 1954, Allport definió el prejuicio como una actitud o sentimiento general desfavorable hacia un grupo y sus miembros. Esta conceptualización del prejuicio como actitud general o evaluación ha dominado durante mucho tiempo la mayoría de los enfoques teóricos y empíricos diseñados para explicar los orígenes, las operaciones y las implicaciones de los sentimientos intergrupales. No obstante, otros enfoques plantean la explicación del prejuicio desde una postura multidimensional. Una de las nuevas líneas de investigación que adoptan esta perspectiva es la teoría de la emoción grupal (Thompson, 2010). Lo interesante de esta teoría es que diferencia entre las emociones intergrupales (es decir, sentirse como los demás) de la experiencia de la empatía  (sentir por otros). Además, le otorga diferentes pensamientos, evaluaciones y conductas de un grupo con respecto a otro. Sus antecedentes son la categorización social * y la producción de evaluaciones intergrupales. Estas últimas consisten en la interpretación de los eventos donde media la importancia de la experiencia y los efectos de las emociones de forma diferenciada.

Lo interesante de esta teoría es la importancia que se le otorga a las emociones, las cuales pueden provocar diferentes actuaciones a nivel grupal. Siguiendo el esquema anterior, algunos ejemplos podemos observarlos en la siguiente tabla:

esquemaverd

Por lo tanto, sabemos que la interpretación que hacemos de los eventos repercute en las emociones que sentimos y por lo tanto en la conducta que presentamos. La teoría socio-funcional (Cottrell & Neuberg, 2005) va mas allá indicando que no sólo los grupos difieren de la misma manera en sus pensamientos intra e inter grupales, sino que cada individuo de un mismo grupo interpreta de una forma distinta a diferentes grupos, sin la necesidad de existir ninguna amenaza.

Por último, cabe mencionar que estas posturas acerca del origen del prejuicio no son las únicas, ya que sigue creciendo la investigación acerca de otros factores atencionales y motivacionales, ampliándose un campo muy enriquecedor. Por lo tanto, concluir que tras este pequeño viaje a través de la historia del prejuicio, desde sus inicios con Allport, pasando por las teorías de la dominancia, justificación e identidad social, hasta nuevas líneas de investigación como son los aprendizajes implícitos, el origen del prejuicio sigue siendo un tema sin respuesta. Por ello, y para cada lector/a de esta publicación, dejo el siguiente vídeo para reflexionar, ya que como decía Albert Einstein: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”

 

Patricia Mochón Robledo

BIBLIOGRAFÍA

Becker, J. C., Wagner, U. & Oliver Christ, O. (2011). Consequences of the 2008 financial crisis for intergroup relations: The role of perceived threat and causal attributions. Group Processes & Intergroup Relations, 14(6) 871– 885.

Carraro L, Negri P, Castelli L, Pastore M (2014) Implicit and Explicit Illusory Correlation as a Function of Political Ideology. PLoS ONE 9(5): e96312. doi:10.1371/journal.pone.0096312

Cotrell, C. A., Neuberg, S. L. (2005). Different emotional reactions to different groups: A sociofunctional threat-based approach to “prejudice”. Journal of Personality and Social Psychology, 88, 770-789.

Nelson, T. D. (Ed.). (2009). Handbook of prejudice, stereotyping, and discrimination. Psychology Press.

Pratto, F., Liu, J., Levin, S., Sidanius, J., Shih, M., Bachrach, H., & Hegarty, P. (2000). Social dominance orientation and the legitimization of inequality across cultures. Journal of Cross-Cultural Psychology, 31, 369–409.

Scandroglio, B., Martínez, J. S. L., & Sebastián, M. C. S. J. (2008). La teoría de la identidad social: una síntesis crítica de sus fundamentos, evidencias y controversias. Psicothema20(1), 80-89.

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