No es por ti, es por la amenaza al estereotipo

Si ante una situación amenazante nuestro desempeño es peor, ¿de verdad es por nosotrxs mismxs?

Sentir que alguien nos mira mientras estamos aparcando no suele influir en cómo aparcamos nuestro coche. Es incluso una situación habitual si solemos estacionar en la calle. Sin embargo, siendo mujer, si quien nos mira es un hombre, la misma situación se convierte en amenazante. Sentimos ansiedad, nos ponemos nerviosas, nos volvemos torpes, y, efectivamente, acabamos aparcando peor. Probablemente, además, ese hombre se gire y piense: “mujer tenía que ser”.  A este fenómeno se le denomina amenaza al estereotipo. Ocurre cuando existe un estereotipo negativo sobre el grupo al que pertenecemos (“las mujeres no saben aparcar”) y creemos que vamos a ser juzgadxs por ello. Tratamos de combatir y refutar el estereotipo, consiguiendo el efecto contrario: nuestro desempeño es peor y el estereotipo sale reforzado (Steele, 1997; Spencer, Logel y Davies, 2016).

Todas las personas somos vulnerables a este efecto, pues pertenecemos al menos un grupo que está estereotipado negativamente en una situación dada. Además, el mero hecho de conocer el estereotipo, aun sin compartirlo, es suficiente para que se active (Spencer, Logel y Davies, 2016).  Cuando somos conscientes de este estereotipo negativo, nuestra atención se divide entre la tarea que estamos realizando y la preocupación de no cumplir con el estereotipo. Por ello, la ansiedad de confirmar la creencia puede desencadenar cambios psicológicos y corporales: Mayor activación de áreas cerebrales relacionadas con regulación emocional, mayor vigilancia en el desempeño y supresión de creencias de auto-cuestionamiento. En otras palabras, intentamos no cuestionar nuestra capacidad para hacerle frente a la situación y regular las emociones negativas que se nos activan, y esto supone un esfuerzo importante. En definitiva,  estos efectos desvían nuestros recursos cognitivos que, de no ser así, podrían ser utilizados para maximizar nuestro desempeño (Schmader y Johns, 2003).

La gran mayoría de los experimentos que se han llevado a cabo desde la Psicología Social para probar este fenómeno presentan un escenario similar: Dos grupos de personas (el grupo estereotipado y el grupo no-estereotipado) realizan un test, en una situación amenazante, y se compara el resultado de ambos. Así, por ejemplo, un grupo reducido de personas de etnia negra realiza un test de matemáticas frente a un grupo mayoritario de personas blancas. Como resultado, el grupo estereotipado  desempeña peor la tarea (Walton y Cohen, 2003). Algunas investigaciones apoyan, incluso, la hipótesis de que la amenaza al estereotipo explica entre el 50% y el 82% de la brecha de género en los exámenes de matemáticas, así como del 17% al 29% de la brecha entre etnia negra y blanca (Walton, Spencer y Erman, 2013). La mayor prueba de que esta brecha no es debida a diferencias de género o de etnia es que, cuando el grupo estereotipado realiza la misma tarea en un entorno seguro (por ejemplo, en el que no se active la comparación entre grupos), el desempeño mejora (Walton y Cohen, 2003).

No obstante, las consecuencias de este fenómeno van más allá del desempeño: Fomenta las emociones negativas en el dominio estereotipado, generando, por ejemplo, menor interés (Adams, García, Purdie-Vaughns y Steele, 2006), además de disminuir la auto-confianza (Muzzatti y Agnoli, 2007) y aumentar la atribución del fracaso (Koch, Muller y Sieverding, 2008).

Aun siendo los resultados de las investigaciones tan alarmantes, existen diferentes intervenciones que pueden reducir los efectos perniciosos de la amenaza al estereotipo. En primer lugar, ciertas intervenciones hacen hincapié en la reconstrucción de la situación potencialmente amenazante, reduciendo así la percepción de amenaza sin tener que cambiar la situación en sí. Si les decimos a las mujeres que el examen al que van a someterse no va a ser evaluado, su desempeño mejora. Sin embargo, resulta más práctico dotar a las personas de herramientas de re-evaluación emocional (reappraisal), enseñándoles, por ejemplo, que es normal que sientan ansiedad ante un examen. De esta forma, la regulación puede darse aun cuando la situación sigue percibiéndose como amenazante.

En segundo lugar, nos encontramos con aquellas intervenciones que acentúan la importancia del afrontamiento. Desde esta perspectiva, la educación entorno a lo que es y cómo funciona la amenaza al estereotipo, reduce la amenaza del mismo, pues el fracaso deja de ser culpa de unx mismx (Spencer, Logel y Davies, 2016).

El último tipo de intervención sería crear directamente entornos seguros, donde ni siquiera existiera la amenaza. Esto podría conseguirse facilitando el contacto positivo con el grupo dominante y no-estereotipado o mostrando ejemplos exitosos del grupo estereotipado (Spencer, Logel y Davies, 2016).

En conjunto, la literatura acerca de la amenaza al estereotipo pone de manifiesto la subestimación sistemática de habilidades reales y potenciales de personas pertenecientes a grupos estereotipados. Creando entornos seguros y libres de amenaza o dotando al menos de recursos de afrontamiento y reconstrucción, conseguiremos hacer florecer capacidades latentes.

Olaiz Gorriño

REFERENCIAS

Adams, G., García, D. M., Purdie-Vaughns, V. y Steele, C. M. (2006). The detrimental effects of a suggestion of sexism in an instruction situación. Journal of Experimental Social Psychology, 42(5), 602-615.

Koch, S. C., Muller, S. M. y Sieverding, M. (2008). Women and computers: Effectsof stereotype threat on attribution of failure. Computers and Education, 51(4), 1795-1803.

Muzzati, B. y Agnoli, F. (2007). Gender and mathematics: Attitudes and stereotype threat susceptibility in Italian children. Developmental Psychology, 43(3), 747-759.

Schmader, T. y Johns, M. (2003). Converging Evidence That Stereotype Threat Reduces Working Memory Capacity. Journal of Personality and Social Psychology, 85(3), 440-452.

Spencer, S. J., Logel, C. y Davies, P. G. (2016). Stereotype Threat. Annual Review of Psychology, 67, 415-437.

Steele, C. M. (1997). A threat in the air: How stereotypes shape intelectual identity and performance. American Psychlogy, 52(6), 613-629.

Walton, G. M. y Cohen, G. L. (2003). Stereotype lift. Journal of Experimental Social Psychology, 89(1), 22-35.

Walton, G. M., Spencer, S. J. y Erman, S. (2013). Affirmative meritocracy. Social Issues and Policy Review, 7(1), 1-35.

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