Las profecías en educación

El efecto de los prejuicios en el proceso de aprendizaje

Esta entrada tiene como objetivo ayudar al lector a comprender cómo influyen y condicionan en el proceso de aprendizaje las expectativas y los prejuicios de lxs profesorxs sobre la capacidad de sus alumnxs, teniendo en cuenta el papel del “Efecto Pigmalión” en este proceso de aprendizaje, describiendo los factores que lo causan, así como posibles medidas para evitar el efecto negativo de dichos prejuicios.


“Si metemos varias pulgas en una pequeña caja de cristal, podremos ver cómo saltan sin cesar contra las paredes y el techo de la caja. Si después de un tiempo las sacamos de su encierro y las dejamos en libertad podremos ver que sólo realizan saltos como los que efectuaban dentro de la caja. Se han acostumbrado a los límites, se han habituado a unos esfuerzos recortados por la experiencia. Los amaestradores han condenado a las pulgas a su pequeño fracaso.” M.A. Santos Guerra

Esta analogía trata de representar lo que se produce en algunos contextos de aprendizaje, donde nuestro éxito o fracaso está en gran parte mediado por el criterio con el que somos educadxs, y este, a su vez, está marcado por las expectativas que tienen nuestrxs educadorxs acerca de hasta dónde podemos llegar.

Pero… ¿qué son realmente esas expectativas, a qué se deben y cómo influyen en nuestro proceso de aprendizaje?

La mayoría de nosotrxs guarda en su memoria recuerdos de los distintos profesorxs que ha tenido durante la etapa de aprendizaje, algunos de ellos muy buenxs, otros no tanto. ¿En qué se diferencian esos buenxs o malxs profesorxs, qué es lo que los hacía “buenos o malos”? Quien despertó tu interés, con quien más o menos aprendiste, mejor te lo pasaste o más te motivo, o todo junto, pero sin duda en mayor o menor medida te marcó. Marcó tus expectativas, tu motivación, y por qué no, tu futuro. Y esto es un hecho, nuestro éxito o fracaso, nuestro presente y nuestro futuro está en gran parte mediado por aquellas personas  que se ocupan de nuestro aprendizaje.

Son muchos los factores que influyen en ese proceso de aprendizaje, pero hay uno fundamental, en relación con la temática del blog, que es crucial. Hablamos de las expectativas que tienen lxs profesorxs acerca de hasta donde pueden llegar sus alumnxs, de los sesgos y prejuicios que marcan y median en el proceso de aprendizaje.

Hablamos del Efecto Pigmalión, de la Profecía Autocumplida. Ambos términos hacen referencia a como las expectativas que tenemos acerca del desempeño o las habilidades de otra persona, nos llevan a desarrollar una serie de conductas que influyen en el rendimiento de esa persona. En este breve spot publicitario se ejemplifica bien en que consiste el efecto Pigmalión.

El lastre de este efecto lo podemos ver en cualquier colegio. Hay una cantidad ingente de profesorxs que fruto de las expectativas acerca del rendimiento de sus alumnxs acaban convirtiéndose en “profetas malditxs”, condenando a muchxs alumnxs al fracaso. “Estx niñx es tontx, no se entera” “Estx niñx no va a llegar a nada” o “Estx niñx es hiperactivo” son frases que casi todos hemos escuchado referir alguna vez a lxs profesorxs sobre sus alumnxs. El problema es que esto se acaba convirtiendo en cierto. Al final esx niñx puede no llegar a nada, cumpliendo, por tanto, la profecía. Esto se entiende bastante bien con un ejemplo. Si se anuncia que este fin de semana habrá escasez de tal producto en los supermercados, la gente acudirá en masa a comprar ese producto, lo cual hará que realmente haya escasez en el fin de semana. Si le decimos a unx alumnx que va a suspender un examen, es mucho más probable que lo suspenda. La persona acaba haciendo suya “la profecía”, acaba siendo víctima de ella. La única manera de que no lo haga es que se rebele, que se sobreponga, que se demuestre así mismx que puede hacerlo, porque realmente, puede hacerlo.

Pero hay algo fundamental que pueden hacer todas las partes implicadas en el proceso educativo. Madres, padres, profesorxs, educadorxs… Todxs pueden poner de su parte para que esto cambie. Se hace necesario que todas estas partes sean formadas y educadas en el efecto que tienen sus actitudes y sus palabras. En la losa en la que se puede convertir sus prejuicios y expectativas si no los cambian. La ansiedad que generan en sus alumnxs si emiten esta serie de juicios perniciosos, que son parte responsable del fracaso de sus alumnxs, que no vale escudarse en el TDAH, ni en otra serie de trastornos inventados (si, inventados) que justifiquen su fracaso como docentes. Para todo esto hay que dotar estrategias para posibilitar el cambio, dando a conocer el proceso por el cual se producen y se forman dichos sesgos y prejuicios. Dando a conocer el papel que juega la amenaza del estereotipo, donde los intentos por no confirmar el estereotipo bajo el que estamos siendo juzgados, pueden llevarnos a una situación de ansiedad que dificultará nuestro rendimiento y por tanto, lo confirmen. Todo esto nos ayudará a comprender que es lo que está pasando, interpretar las emociones de lxs alumnxs, empatizar con ellxs y por tanto ayudarles. Y las consecuencias que tiene no hacerlo.

Todo esto es una meta social y colectiva, no individual, las consecuencias de hacerlo o no hacerlo son para todxs, no solo para lxs alumnxs y profesorxs. Tenemos que conseguir que lxs docentes dejen sus prejuicios en los pasillos antes de entrar en las aulas, que el proceso educativo sea una etapa de crecimiento, que lxs profesorxs den alas a sus alumnxs, que despierten en ellxs el interés por aprender y enfrentarse a la vida. Que los límites los marque la propia experiencia y no los prejuicios y expectativas que tengan otrxs sobre nosotrxs.

Por último, rescato un fragmento del discurso de un profesor a sus alumnxs, en la película “Lugares comunes”, de Adolfo Aristaráin.

“Mostrar no es adoctrinar. Enseñar es dar una información enseñando el método a entender analizar, razonar y cuestionar esa información. Lo que se impone por la fuerza, no se queda. Nadie es mejor persona por saber en qué año nació Cervantes. Enseñar a pensar, no a valorar por las respuestas. No hay respuestas correctas. Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez, sin límites, sin piedad

Carlos Herruzo


BIBLIOGRAFIA:

Babad, E., Inbar, J., & Rosenthal, R. (1982). Pygmalion, Galatea, and the Golem: Investigations of biased and unbiased teachers. Journal Of Educational Psychology74(4), 459-474.

Brophy, J. (1983). Research on the self-fulfilling prophecy and teacher expectations. Journal Of Educational Psychology75(5), 631-661.

García de Vinuesa, F., González Pardo, H., y Pérez Alvarez, M. (2015). Volviendo a la normalidad (1st ed.). Madrid: Alianza Editorial.

Loyola, F. (2007). Yo soy: Expectativas, imaginación y realidad en la relación profesor-alumno en la universidad. Revista Digital De Investigación En Docencia Universitaria, (2), 10.

Rosentahl, R. y Rubin, D.B. (1978). Interpersonal expectancy effects: the first 345 studies. The Behavioural and Brain Sciences, 3, 377-415

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