La locura de estar viva…

Si vas a leer esta entrada te pido un minuto adicional para hacer un pequeño ejercicio mental previo.

Piensa en una persona con enfermedad mental…

 

Hereje, bruja, lunático, posesa, histérica, perturbado, demente, loco, trastornado…

¡Si esta es la imagen que ha generado tu cerebro sigue leyendo porque te puede interesar!…(en el caso de que hayas pensado en otra cosa muy diferente ¡también te interesa!).

A pesar de los avances en el desarrollo de los Derechos Humanos, los análisis recientes de los comportamientos sociales muestran que las actitudes discriminatorias hacia diferentes grupos de población persisten (Ochoa, 2011). Las personas con enfermedad mental, y en especial aquellas con enfermedad mental grave, son juzgadas, estereotipadas, estigmatizadas, en muchos casos excluidas y marginadas por una sociedad que juzga sin conocimiento previo.

La historia de la “locura” es paralela a la historia de la misma humanidad. El desconocimiento y el encierro o la muerte, como precedente, en la antigua Roma. La caza de brujas durante la Inquisición y, la Institucionalización del Manicomio en el siglo XIV o la “fábrica de locura” como se referirán a él años más tarde (Reid, 1816).

 “(Los Médicos) han buscado e imaginado una frontera clara y definible entre cordura y demencia, que no solo ha sido situada imaginaria y arbitrariamente, sino que, al suponer que separaba a los enfermos mentales del resto de la humanidad, ha sido considerada como justificación de ciertas medidas adoptadas contra la fracción condenada (…) una vez encerrado, el mismo encierro es admitido como la prueba más poderosa de la locura” (SZASZ, 1970).

En la actualidad existe un limbo legislativo y sanitario (en la práctica), desde la entrada en vigor de la Ley General de Sanidad de 1986 (hace más de 30 años) con la que se cerraban los Hospitales psiquiátricos, que pretendía y cito textualmente la ley:

 “Sobre la base de la total equiparación de la persona con enfermedad mental a las demás personas que requieren servicios sanitarios y sociales, se desarrollarán, en el ámbito comunitario, los servicios de rehabilitación y reinserción social necesarios para su adecuada atención integral”.

El resultado dio lugar a escasos centros de día, opciones de hospitalización privadas, sobrecarga de familias que no sabían o no podían hacerse cargo de la situación. Y en el peor de los casos la indigencia y con ello los procesos de marginación y exclusión social. (FEAFES, Confederación Española de Agrupaciones de Familiares y Personas con Enfermedad Mental).

Las personas que sufren una enfermedad mental se encuentran con dos tipos de problemas: los derivados de su enfermedad o trastorno (a menudo episódicos, intermitentes…) y los que se relacionan con el estigma, que paradójicamente, suelen ser más permanentes y constantes, además de refractarios a la intervención (Rüsch, Corrigan, 2005). La consecuencia de ambos es una considerable disminución de las oportunidades para disfrutar de cierta calidad de vida y de los aspectos relacionados con relaciones sociales, pareja, empleo o salud en general, en un desarrollo básico y digno de la vida cotidiana.

Mujeres y hombres solemos pensar en términos de bueno/malo, deseable/indeseable y aproximable /rechazable (Fazio, Olson, 2003). De esta manera funcionan también los procesos de categorización social. Aunque en principio, éste era un proceso funcional y adaptativo, a la larga se convierte en una manera relativamente fácil de aceptar o rechazar personas según ciertos estereotipos, esquemas y categorías en las que encasillamos a los y las otras. Por otro lado debemos tener en cuenta que el estigma y la exclusión social varían según el momento histórico, país, cultura o entorno político.

Hay que  resaltar que no todas las enfermedades y comportamientos están sujetos al mismo estigma y discriminación. En los países ricos por ejemplo, la depresión, la demencia senil y los trastornos de la alimentación, son por lo general más admitidos, mientras que otros, como la esquizofrenia permanecen asociados con estereotipos negativos tales como violencia y peligrosidad (Corrigan el al, 2002).

 Los últimos estudios muestran que a pesar de que tenemos mucha más información sobre enfermedades mentales, los prejuicios sobre estas personas han aumentado de forma significativa  en los últimos diez años, según recientes investigaciones (en especial para la esquizofrenia y el trastorno bipolar) (Crisp et al, 2002).

 El objetivo de mi entrada es cambiar la visión que tenemos sobre la enfermedad mental y para esto quizá debería terminar presentándome. Me llamo Inma, soy Licenciada en Bellas Artes, Graduada en Trabajo Social, Máster en Psicología Social y doctoranda. Soy Trabajadora Social en OCREM, tengo 33 años, pareja, amigos y amigas, un perro, una vida plena y me diagnosticaron TLP hace unos diez años. No es fácil vivir con un trastorno mental, lo reconozco pero tampoco es imposible.  ¡Y si no te digo que soy la persona sentada delante en el suelo, no podrías diferenciarme porque soy una más y no tengo etiqueta! No pongas barreras tú, si no me las pongo yo.

 gfhfghy

Inma Ortega


BIBLIOGRAFIA:

CRISP, A. “Changing minds: every famili in the land. An update on the college’s campaign” Psychiatric Bulletin Nº24, 2000, (pp.267-268)

GOFFMAN, E. “Estigma, La identidad deteriorada”, Ed. Amorrotu. 2003: Buenos Aires.

STRUENING, B  RAHAV, L. PHELAN, J.C. NUTTBROCK, M. “On Stigma and Its Consequences: Evidence from a Longitudinal Study of Men with Dual Diagnoses of Mental Illness and Substance Abuse”Journal of Health and Social Behavior, 1997, 38 (2), (pp. 177-190).

KATZ, E.P. BOYD J. PHELAN J.C. “The relationship of multiple aspects of stigma and personal contact with someone hospitalized for mental illness, in a nationally representative sample”.

Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 2010, 45(11), ( pp. 1063-1070).

LÓPEZ, M et al. “La lucha contra el estigma y la discriminación en salud mental. Una estrategia compleja basada en la información disponible”. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq., 2008, VOL. XXVIII, Nº 101, pp. 43-83, ISSN 0211-5735.

OCHOA, S et al. “Estudio cualitativo sobre la autopercepciópn del estigma social en personas con esquizofrenia”. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq.,2011; 31 (111), (pp. 477-489).

DOI: 10.4321/SO211-57352011000300006.

PEDERSEN, D. “Estigma y exclusión social en las enfermedades mentales: apuntes para el análisis y diseño de intervenciones”. Acta Psiquiátrica y Psicológico de América Latina 2009, 55 (1): 39-50.

RÜSCH, N.; ANGERMEYER, M, C.; CORRIGAN, P., “Mental Illness Stigma: Concepts, Consequences and Initiatives to Reduce Stigma”, Eur. Psychiatry, 2005, 20; (pp. 529-539).

SZASZ, T. “La fabricación de la locura”, Editorial Kairós. 2006: Barcelona.

URIBE, M. MORA, O. CORTÉS, A.C. “Voces del estigma en pacientes y familias con enfermedad mental”. Universitas médicas 2007 VOL.48 Nº3 (pp. 207-220). 2007: Bogotá.

 VV.AA, “La gestión de la locura: conocimiento, prácticas y escenarios (España, siglos XIX-XX)”.

Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Colección estudio Nº 116. 2008: Cuenca.

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