Atribución a la discriminación: ¿Percibimos las discriminaciones o preferimos creer que cada uno/a tiene lo que se merece?

Cuando no logramos algo o no obtenemos la oportunidad que necesitamos ¿es culpa nuestra o somos víctimas de una discriminación?


Seguramente, cualquier persona ha tenido la experiencia de atribuir sus malos resultados a la discriminación por pertenecer a algún grupo desfavorecido por razones físicas (ser gordo/a, bajo/a, feo/a…), de género (ser mujer, transgénero…), de etnia (ser marroquí, latinoamericano/a…), etc. y hemos pensado que no nos han tratado como merecíamos, que hemos tropezado con barreras ajenas a nuestra valía personal. La pertenencia a un grupo social, estereotipado negativamente, puede hacer que nos percibamos como víctimas de una sociedad injusta, discriminatoria y con prejuicios (Major y Sawyer, 2009). También es posible que hayamos experimentado otras situaciones en las que los resultados negativos los hemos atribuido a nuestra falta de capacidad personal.

La percepción de las causas de que no alcancemos los resultados que esperamos (un empleo, un ascenso, ser elegido/a para jugar el partido…) depende de un entramado complejo de factores individuales, estructurales y situacionales que, a veces, nos inclinan a atribuirlo a nuestra responsabilidad personal y nos impiden identificarnos como víctimas de discriminación.

¿Estamos atentos a la discriminación o no la consideramos?

            Ante un evento negativo las personas pueden posicionarse minimizando que han sido objeto de prejuicio o de discriminación; en estos casos, no reconocen, subestiman o incluso niegan que la pertenencia a un grupo desfavorecido les haya supuesto un trato negativo. El motivo de restarle importancia puede relacionarse con el alto coste social que supone el presentarse como víctimas (la auto-presentación), a las que se tiende a ver como personas quejicas e hipersensibles. La necesidad de aceptación y de no ser rechazados/as socialmente puede llevarnos a la negación de la discriminación (Major y Sawyer, 2009).

Frente a esta posición de minimizar la atribución a la discriminación, encontramos personas hipervigilantes a las señales del entorno que indican que están siendo objeto de prejuicio, discriminación o estereotipos negativos (Major y Sawyer, 2009), poniéndose en guardia ante los mínimos  indicios para defenderse ante el rechazo anticipado o experimentado (Allport, 1954/1979); generalmente, se trata de personas que son objeto de discriminación crónica por pertenecer a grupos minoritarios.

Las conductas discriminatorias son ambiguas y de difícil valoración, sobre todo cuando son sutiles. Hay factores como las características de lo ocurrido, de la situación y de las personas que influyen en que el fracaso se atribuya, más o menos, a la discriminación (Major, Quinton y McCoy, 2002).

¿Qué factores nos ayudan a percibir la discriminación? (Major y Sawyer, 2009):

  • Que la discriminación se dé entre grupos diferentes (e.g., de hombres a mujeres).
  • Que el motivo de la discriminación no sea controlable por el que la sufre (e.g., ser negro)
  • Que la víctima pertenezca a un grupo de un estatus inferior al del perpetrador (e.g., pobre frente a rico)
  • Que las víctimas de discriminación pertenezcan a un grupo estereotipado negativamente (e.g., personas gitanas)
  • Que las acciones causen daño o tengan intención de causarlo
  • Que las señales de prejuicio o discriminación sean claras
  • Ser conscientes de la existencia de discriminación y estar alerta a ella en determinadas situaciones
  • Tener información sobre las comparaciones entre grupos sobre determinados hechos o situaciones (empleo, acceso a recursos…)

Las características personales también influyen en que percibamos en mayor o menor medida la discriminación; entre ellas, el estado afectivo o de ánimo de las víctimas, las expectativas y conciencia del prejuicio, la identificación como miembro de un grupo discriminado y las creencias personales sobre las diferencias de estatus y su permeabilidad en la sociedad.

¿Qué consecuencias tiene cuando atribuimos lo que nos ocurre a la discriminación?

  • Se protege la autoestima y el bienestar emocional

Para las personas que son miembros de grupos estigmatizados atribuir el rechazo y los resultados negativos al prejuicio y a la discriminación salvaguarda su autoestima al no poner en cuestión su valía personal (Crocker y Major, 1989). Esta externalización de la culpa y de la responsabilidad precisa que el individuo este fuertemente identificado con su grupo de pertenencia. También protege de determinadas emociones, como la depresión, la vergüenza…, y activa otras, como el enfado y la hostilidad, que bien canalizadas permiten defenderse de las situaciones de discriminación y promover cambios.

Si la discriminación es persistente y recurrente, su percepción puede tener consecuencias negativas para el bienestar. La falta de control sobre las situaciones de discriminación y las experiencias de fracaso ligadas a la presencia de prejuicio son estresantes y amenazantes para la persona que las sufre y es consciente de ello (Stroebe, Barreto y Ellemers, 2010).

  • Podemos ser consideradas personas que no asumen su responsabilidad

Además, culpar a la discriminación cuando se obtienen resultados desfavorables puede tener costes sociales para la persona (Major y Sawyer, 2009). Por un lado,  el grupo de pertenencia (endogrupo) puede considerar que se está evitando la responsabilidad personal y valorar negativamente esta actitud. Por otro lado, culpar públicamente de los propios resultados a la discriminación puede generar exclusión ya que esta posición suele estar mal vista socialmente.

  • Cuestiona nuestra visión del mundo como justo y equitativo

Las personas necesitamos percibir el mundo como un lugar justo. Las situaciones que cuestionan los principios de igualdad y justicia pueden ser vividas como una amenaza, no sólo para las personas que las sufren sino para el conjunto de la sociedad (Stroebe, Dovidio, Barreto, Ellemers y John, 2011). En este sentido, percibir la discriminación, como recurrente y persistente, cuestiona la idea de que cada uno obtiene el trato y los resultados que merece, de acuerdo a sus méritos (Stroebe, Barreto y Ellemers, 2010). Esta necesidad afecta también a los miembros de los grupos desfavorecidos que son objeto de discriminación influyendo en su percepción, al ser compatible la pertenencia al grupo minoritario con la creencia de que la jerarquía de estatus está basada en el mérito (Teoría de la verificación de nuestra visión del mundo (Major, Kaiser, O’Bien y McCoy, 2007)).

Podemos concluir que valorar nuestra responsabilidad personal o la que corresponde a actitudes de discriminación no es fácil, al influir en nuestra percepción desde los miedos al rechazo social de las víctimas, al interés de mantener nuestra idea de un mundo justo y equitativo. No obstante, solo lograremos ese ideal de mundo si estamos atentos/as a sus señales de discriminación y la afrontamos sin negarla. ¡Reconocer la discriminación es empezar a combatirla!

Alba López


BIBLIOGRAFÍA:

Allport, G. W. (1979). The nature of prejudice. Reading, MA: Addison-Wesley. (Original work published 1954)

Crocker, J., & Major, B. (1989). Social stigma and self-esteem: The self-protective properties of stigma. Psychological Review, 96, 608–630.

Major, B., Kaiser, C. R., O’Brien, L. T., & McCoy, S. K. (2007). Perceived discrimination as worldview threat or worldview confirmation: Implications for self-esteem. Journal of Personality and Social Psychology, 92(6), 1068-1086.

Major, B., & Sawyer, P. J. (2009). Attributions to Discrimination: Antecedents and Consequences. In: T. D. Nelson (eds.), Handbook of Prejudice, Stereotyping and Discrimination (pp.89-110). New York: Psychology Press.

Stroebe, K., Barreto, M., & Ellemers, N. (2010). Experiencing discrimination: How members of disadvantaged groups can be helped to cope with discrimination. Social Issues and Policy Review4(1), 181-213.

Stroebe, K., Dovidio, J. F., Barreto, M., Ellemers, N., & John, M. S. (2011). Is the world a just place? Countering the negative consequences of pervasive discrimination by affirming the world as just. British Journal of Social Psychology50(3), 484-500.

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