¿Mantiene el lenguaje los estereotipos?

¿Influye el lenguaje en nuestras relaciones con los demás? ¿Qué papel tendrá el lenguaje en el mantenimiento de los estereotipos entre los diferentes grupos? En esta entrada se pone de manifiesto el poder que tiene el lenguaje a la hora de comunicarnos con los demás y de la formación de estereotipos. Se examina cómo existen diferentes sesgos lingüísticos que hacen que veamos a nuestro propio grupo como más favorable frente a los grupos externos y se analiza cómo las personas hacemos inferencias del lenguaje a partir de lo que se dice y de lo que no se dice. ¿Hay explicación para todo esto? Continúa leyendo y lo descubrirás…


Durante muchas décadas, numerosos estudiosos han sostenido que la psicología social debía prestar mucha atención al uso del lenguaje en la vida cotidiana, puesto que el lenguaje es mucho más que el medio en el que los seres humanos transmiten y reciben ideas; el lenguaje y la cultura influyen en la construcción de la identidad personal y de su visión del mundo desde que nacemos (véase en: ¿A qué edad aparecen los prejuicios?). Estos estudios, han demostrado que las variaciones específicas en el estilo lingüístico y en la estructura de los intercambios comunicativos generan importantes fenómenos sociales como por ejemplo el favoritismo dentro del propio grupo o la distintividad entre grupos.

Algunos de estos fenómenos sociales se pueden entender conociendo los modelos del lenguaje existentes. Uno de ellos, es El Modelo de Categorías Lingüísticas desarrollado por Semin y Fiedler (1992) que propone realizar inferencias, a partir del contenido de los mensajes e interpretarlos de tal forma que cuando aparece mucha información sobre el sujeto y apenas sobre el contexto se produce el denominado Sesgo Lingüístico, información que tiende a mantenerse en forma de estereotipo. Este sesgo se ha estudiado desde las relaciones entre los grupos, denominándose Sesgo Lingüístico Intergrupal (SLI) e indica que  dentro de nuestro propio grupo utilizamos un lenguaje abstracto para describir comportamientos deseables y lenguaje concreto para describir comportamientos indeseables (SLI favorable), mientras que para describir conductas del grupo externo, se emplea un lenguaje concreto para expresar conductas deseables y un lenguaje abstracto para sus conductas indeseables (SLI desfavorable).  Por ende, si vemos a una persona extranjera (por ejemplo, una persona inglesa) discutiendo con alguien, describiremos la situación utilizando términos abstractos, ‘Los ingleses son groseros’, mientras que si una persona española ve a otra en una situación similar, la describiría este suceso en términos concretos, ‘Luis discutió con su hermana’.

Este sesgo se ha empleado para detectar los prejuicios subyacentes a través de la forma de hablar. Las personas prejuiciosas hablan del grupo externo utilizando atributos negativos con términos amplios y generales, lo que lleva a que estos atributos parezcan ser persistentes e inalterables, mientras que usan atributos positivos en términos concretos y específicos, asociándose de manera transitoria a un contexto específico, y esto se debe a que las/os oyentes creen que el comportamiento descrito de forma abstracta (vs forma concreta) es más disposicional y más probable que se repita, (Semin y de Poot, 1997; Semin y Fiedler, 1988; Wigboldus, Semin y Spears, 2000). En consecuencia, la preferencia por términos abstractos al describir comportamientos positivos en el propio grupo y negativos en grupos externos refuerza los estereotipos existentes.

Se ha demostrado que, además de comunicar el contenido explícito a través del lenguaje (lo que se dice), se puede comunicar un mensaje implícito a través de las propiedades lingüísticas de la lengua (cómo se dice algo; Hogg y Reid, 2006; Maass, Salvi, Arcuri, y Semin, 1989). En la actualidad, la línea que llevan las investigaciones sobre el SLI se refieren al estudio de los mecanismos que lo subyacen, siendo estos posiblemente los conductores a este sesgo. Estos  mecanismos son los siguientes: Mecanismos cognitivos  basados en la Teoría del diferencial de expectativas (Rothbart y Park, 1986) y Mecanismos Motivacionales basados en la Teoría de la Identidad Social (Tajfel y Turner, 1979).

Desde un punto de vista cognitivo, Rothbart y Park (1986), defienden que los estereotipos tienen la función de ser cognitivamente económicos, es decir que nuestro cerebro trata de conseguir el mismo resultado utilizando el mínimo número de operaciones posibles, intentando no despilfarrar recursos, y  por lo tanto se representan en forma de ejemplos típicos de los grupos. Los modelos típicos (persona del propio grupo actuando de manera positiva y persona del grupo externo actuando de manera negativa) se generalizan con términos abstractos de manera que se mantienen en forma de estereotipos, y los modelos atípicos (persona del propio grupo actuando de manera negativa y persona del grupo externo actuando de manera positiva) se particularizan mediante el uso de términos concretos y no llegarán a mantenerse como estereotipos. En el caso de la Teoría motivacional, la función de los estereotipos es mantener la propia estima mediante la evaluacion positiva del propio grupo. El SLI en este caso se dará con el fin de privilegiar al propio grupo mientras se discrimina al otro grupo.

Otro fenómeno lingüístico que me parece relevante para entender mejor como se pueden hacer inferencias del lenguaje a partir de lo que se dice y de lo que no se dice  es el  llamado Efecto de Insinuación (innuendo effect). Utilizamos este término para describir la tendencia de los seres humanos a extraer inferencias negativas de las descripciones positivas que omiten una de las dos dimensiones fundamentales del Modelo del Contenido de los Estereotipos (Fiske, Cuddy y Glick, 2002). Predecimos que cuando las personas escuchan descripciones de otras personas que contienen contenido objetivamente positivo pero no proporcionan información relevante, harán inferencias negativas sobre la dimensión omitida sobre la persona descrita. ‘José es un chico muy extrovertido’, cuando estamos pidiendo información de sus competencias laborables o ‘Itziar es muy competente en su puesto de trabajo’, cuando preguntamos sobre sus gustos personales, son dos ejemplos de este efecto y nos induce a pensar lo contrario a la información que nos aportan, es decir, José no es competente en su trabajo e Itziar es una chica introvertida, por ejemplo. Dada la eficacia de este efecto para transmitir sutilmente información negativa acerca de las personas hacia el exterior sin violar ninguna norma contra la negatividad o anti-prejuicio, el efecto de insinuación puede jugar un papel importante al permitir a las personas del grupo mantener una imagen positiva, mientras que perpetúa los estereotipos sociales.

Por tanto, el lenguaje y la forma de comunicación que establecemos entre nuestro propio grupo y el grupo externo es fundamental a la hora del mantenimiento de los estereotipos,  puesto que el lenguaje contribuye de un modo sutil, pero a la vez poderoso, al mantenimiento de las creencias estereotípicas existentes sobre el propio grupo y el grupo externo, ya que nos son de utilidad para nuestra vida cotidiana, por un lado economizando nuestros recursos y por otro, motivando nuestra propia estima. Por consiguiente, no solo el lenguaje en sí, si no el cómo se dice y lo que no se dice, es muy relevante a la hora de formar impresiones de nuestro propio grupo y de los demás y esto nos llevará a comportarnos de una manera u otra poniendo de manifiesto la existencia de estereotipos en nuestra sociedad y los prejuicios que estos conllevan.

Quien sobrevive a los estereotipos de la sociedad sin perder ni siquiera un gramo de su esencia, puede con todo y con todos/as. (Benjamin Griss)

Beatriz Fernández


BIBLIOGRAFÍA

Ambady N., Bernieri F., Richeson J. A. (2000). Towards a histology of social behavior: Judgmental accuracy from thin slices of behavior. In Zanna M. P. (Ed.), Advances in experimental social psychology (Vol. 32, pp. 201–271). San Diego, CA: Academic Press

Hogg M. A., Reid S. A. (2006). Social identity, self-categorization, and the communication of group norms. Communication Theory, 16, 7–30.

Kervyn, N., Bergsieker, H. B., & Fiske, S. T. (2012). The innuendo effect: Hearing the positive but inferring the negative. Journal of Experimental Social Psychology48(1), 77-85.

Maass A., Salvi D., Arcuri L., Semin G. R. (1989). Language use in intergroup contexts: The linguistic intergroup bias. Journal of Personality and Social Psychology, 57, 981–993.

Maass, A., Milesi, A., Zabbini, S., & Stahlberg, D. (1995). Linguistic intergroup bias: Differential expectancies or in-group protection? Journal of Personality and Social Psychology, 68, 116–126.

Maass, A., Ceccarelli, R., & Rudin, S. (1996). Linguistic intergroup bias: Evidence for in-group-protective motivation. Journal of Personality and Social Psychology71(3), 512.

Porter, S. C., Rheinschmidt-Same, M., & Richeson, J. A. (2016). Inferring identity from language: Linguistic intergroup bias informs social categorization. Psychological science27(1), 94-102.

Rothbart, M. & Park, B. (1986). On the confirmability and disconfirmability of trait concepts. Journal of Personality and Social Psychology, 50, 131-142

Semin,G. R., & Fiedler, K. (1992).The inferential properties of interpersonal verbs. In G.Semin & K. Fiedler (Eds.). Language, interaction and social cognition (pp. 58-78). Newbury Park, CA: Sage

Tajfel, H., & Turner, J. C. (1979). An integrative theory of intergroup conflict. In W. G. Austin & S. Worchel (Eds.), The social psychology of intergroup relations (pp. 33-47). Monterey, CA: Brooks/Cole

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